jueves, 12 de diciembre de 2019

Esperanza

Era una fría tarde de otoño, una más en la que Lucas podría pasarse horas, que le parecían minutos, mirando por la ventana cada copo de nieve que se posaba sobre el asfalto. Algo que, inexplicablemente, le hacía feliz. Al anochecer le gustaba leerle algún libro a su compañero de habitación, aunque le decían que no podía escucharle, pero él lo hacía de todos modos. Otro de los momentos que más disfrutaba Lucas era cuando su madre o su padre iban a visitarle, algo que ocurría prácticamente a diario. También le entusiasmaba conversar largo y tendido con la abuela de su compañero, a quien consideraba casi como su propia abuela, pues habían pasado tanto tiempo juntos que así lo sentían ambos. A parte de las visitas, la habitual lectura nocturna, o mirar por la ventana, poco más se podía hacer en aquella habitación de hospital. El personal de enfermería a veces le llevaba alguna sorpresa a Lucas, organizada por asociaciones contra el cáncer infantil, para hacer más amena y divertida su estancia en aquel lugar. Él disfrutaba mucho con ello, era un niño muy agradecido, pero sentía mucho no poder compartirlo con su compañero Roberto, que perdió a sus padres en el accidente de coche que le dejó en coma. Los médicos, que consideraban a Lucas un niño bastante maduro a pesar de tener solo 10 años, a veces le explicaban que era imposible saber si su compañero despertaría algún día, aunque él, al igual que su abuela, nunca perdió la esperanza. 
Pasaron los días y llegó el mes de diciembre, que trajo consigo una nevada tan invernal que tuvo al entusiasmado Lucas una semana pegado a la ventana. Un día entre aquel temporal apareció su madre, que fue a hacerle la habitual visita, pero esta vez era algo más especial, pues le preguntó a su hijo qué le gustaría que le regalasen esas navidades. El muchacho, que ya se esperaba esa pregunta, sorprendió a su madre respondiendo que se lo dejaría por escrito, pero que no podría leerlo hasta el mismo día de Navidad, esa era su única condición. Y así hicieron, Lucas escribió en una carta el regalo que deseaba aquellas fiestas, y su madre le prometió que no lo leería hasta el día 25. 
Pero el destino quiso que una piedra más se interpusiese en su camino, y unos días antes de esas fechas tan señaladas, el pequeño Lucas enfermó. Su madre y su padre estuvieron con él todo el tiempo, sin separarse de la cama de la que a penas se podía levantar.
-Mamá, papá, tengo que deciros algo- dijo a penas sin aliento. 
-Dinos cariño- le respondió su padre cogiéndole la mano.
-Quiero que sepáis que os quiero mucho, y no quiero que estéis tristes cuando yo me vaya.
-No digas eso cielo, no te irás a ninguna parte, saldremos de esta, ¿de acuerdo?- dijo su madre casi entre sollozos. 
El chico asintió, porque no quería ver llorar a su madre y a su padre, aunque por dentro tenía la sensación de que aquello no tenía solución. Era algo que llevaba semanas barajando, y a pesar de asimilarlo con fuerza, no podía evitar sentir algo de miedo. Las horas siguientes se hicieron eternas, y por más que ansiaban la recuperación de su hijo, Rodrigo y Amelia veían a través del húmedo reflejo de sus lágrimas cómo Lucas empeoraba por momentos, hasta que aquel pequeño ser de luz no pudo más, e instantes antes de apagarse por completo, dedicó una última sonrisa a quienes fueron las personas más importantes de su vida. 
Finalmente llegó el día de Navidad, y una mujer que intentaba sobrevivir a la peor tragedia que le puede ocurrir a una madre, cumplió la última promesa que le hizo a su hijo, y comenzó a leer su carta:
Queridos mamá y papá, sé que este año ha sido muy difícil para los tres por culpa de mi enfermedad. Tampoco creo que esperéis de mi lo mismo que del resto de niños, pues mi situación es diferente y especial. Recuerdo cómo cada año esperaba la Navidad muy contento porque podría pedirme juguetes para divertirme, como cualquier otro niño, pero este año todo es diferente. He aprendido cosas que no esperaba saber tan pronto, y por ello quiero que este año mi regalo no sea para mi. Tengo la corazonada de que no voy a poder recuperarme, aunque espero equivocarme. Si por desgracia estáis leyendo esto sin mi, quiero pediros que cumpláis mi deseo, ya que yo no podré hacerlo más. Este año lo único que anhelo es que Roberto se despierte. Sé que eso no está en vuestras manos, y que no depende de vosotros, pero prometedme que haréis lo posible por mantener la esperanza, la que siempre tuvisteis conmigo, y yo tuve con él. Ningún niño merece tener una vida tan corta, algo que desgraciadamente ya sabréis. Espero que nunca olvidéis que os quiero mucho, porque yo nunca lo haré. Lucas.
Y así fue como, desde aquellas fatídicas navidades, Rodrigo y Amelia siguieron visitando aquel hospital, para cumplir el deseo de su hijo, dándole a Roberto el cariño fraternal que tan pronto le fue arrebatado, recordando a un hijo que nunca se iría del todo. 

viernes, 15 de noviembre de 2019

Amigos de papel

Buenos días queridas lectoras y lectores. Estuve echando un vistazo a todas las publicaciones del blog y caí en la cuenta de que nunca he hablado sobre un tema que ha influido notablemente en mi vida, la lectura. Parece algo muy común, presente en la vida de millones de personas, sin embargo mi relación con ella se basa en una historia un tanto agridulce, pero llena de aventuras. 
Principios de septiembre de 2008 (si mal no recuerdo), vacaciones familiares. Un niño de 10 años prepara su maleta, con cosas imprescindibles como ropa, calzado, cepillo de dientes, y un libro de la estantería, ¿por qué no? Hasta aquel momento los únicos libros que había leído eran los que mandaban en el colegio, pero aquellas vacaciones le parecieron un momento idóneo para explorar otro tipo de historias. Aunque aquel libro fuese la cuarta parte de una heptalogía, Harry Potter, aquello no importó mucho, pues tan prendado quedó el niño de ese libro que no tardó en leerse el resto de la saga, esta vez por orden. Aquel fue el inicio de una aventura que continúa a día de hoy, un cúmulo de historias en las que un niño con escasa vida social y pocos amigos se refugiaba, un sentimiento potente y lleno de luz en una vida de sombras. Y es que durante un tiempo, aquel niño se sentía tan solo que consideraba a los libros sus únicos amigos, su vía de escape en un mundo que no le entendía. La lectura fue una de sus luces incluso cuando estaba sumido en la más profunda oscuridad, un pequeño apoyo durante los largos años de depresión que nublaron su adolescencia. 
Esta es mi pequeña historia, el inicio de una bonita amistad con los libros, llenos de historias, aventuras y sabiduría, que me han confortado en los peores momentos de mi vida, y también en los mejores. Es por ello que siempre he intentado inculcar y fomentar el hábito de la lectura a todas las personas que conozco y he conocido, abrirles la puerta a un mundo con múltiples beneficios para quien lo disfruta. Así que ya sabéis, nunca es tarde para hacer nuevos amigos, que nunca envejecen, y siempre están dispuestos a ser leídos. 

jueves, 31 de octubre de 2019

Sequía imaginativa

Buenos días queridas lectoras y lectores. Como ya dije anteriormente, mi propósito era publicar una entrada en el blog cada dos jueves, dejando un margen considerable de 14 días entre una publicación y otra. Una estrategia sencilla y periódica que facilitaría a mis escasos lectores saber cuándo podrían leer cosas nuevas, y a mi me proporcionaría tiempo suficiente para preparar las publicaciones. Sin embargo, hoy tengo las manos vacías y la mente en blanco. No es la primera vez que me pasa, pues a pesar de tener dos semanas para planear la siguiente publicación, la mayor parte de las veces la escribo el mismo día de publicarla. Pero no es por falta de tiempo, sino de organización. La mayoría diréis que es una tontería, que no hay ningún problema en publicar algo al día siguiente o cuando se pueda, pero me gusta tomarme el blog en serio, porque es muy importante para mi, y desarrollarlo me ayuda más de lo que parece. A veces es complicado compaginar la vida universitaria, el ocio y el blog, sobretodo teniendo en cuenta que detrás de cada texto hay horas de trabajo, buscando información, desarrollando ideas, y simplificando conceptos para poder expresarlos con la mayor claridad posible. Así que en la publicación de hoy simplemente quiero hacer ver que muchas veces hay trabajo, tiempo y esfuerzo que no se valora, que hay gente preparando durante horas cosas que la gente disfruta en tan solo cinco minutos. El trabajo que desempeño en esta web no es muy relevante, y tampoco merezco ningún tipo de reconocimiento por algo que me tomo como un mero hobby, pero agradezco enormemente cada vez que alguien comparte algo de lo que escribo, o las críticas constructivas que recibo en ocasiones, siempre desde el respeto. La verdad es que tengo varios temas en el tintero de los que hablaré tarde o temprano, pero son algo complejos y necesito recabar mucha información sobre ellos, contrastar dicha información en varios lugares, y en algún caso incluso entrevistar a algunas personas. Así que no os preocupéis, que aunque estos días esté de sequía imaginativa, sigo trabajando para entretener y dar la mejor información que a este loco adolescente le sea posible. Muchas gracias por vuestra atención, nos leemos pronto. 


viernes, 18 de octubre de 2019

Precariedad laboral

Buenos días queridas lectoras y lectores. No tenía nada preparado para hoy (qué sorpresa), y viendo las noticias esta tarde me he dado cuenta de que nunca he hablado sobre este tema en el blog. La precariedad laboral, por desgracia, es un tema que está a la orden del día, y no se me ocurre un ejemplo más directo que los trabajadores de Glovo o plataformas similares. Estos "falsos autónomos" a menudo se enfrentan a dificultades meteorológicas, de conciliación familiar, u otro tipo de problemas que les dificultan mucho su trabajo, llegando al punto de asemejarse a lo que podríamos llamar la esclavitud laboral del siglo XXI.
Pero estas personas no son las únicas que sufren las consecuencias de una nefasta reforma laboral, que si bien ha conseguido reducir el desempleo provocado por la crisis del 2008, ha generado una disminución considerable de la calidad del trabajo. Esta reforma se corona, entre otras cosas, por abaratar los costes de despido, además de facilitar las condiciones que incrementan los contratos temporales frente a los indefinidos. Todas estas características han logrado crear empleo, sí, pero ¿qué tipo de empleo? Contratos temporales tan inestables como los de enfermería en muchas localidades, donde trabajadores de este sector pueden acumular cientos de contratos, la mayoría inferiores a 24 horas, en un mismo año. Y es que lo que hace unos años nos parecía la norma, los contratos indefinidos, hoy día se han convertido en la excepción. Esta inestabilidad contractual genera una gran incertidumbre en la población activa, especialmente en los jóvenes, quienes tienen grandes dificultades para independizarse debido a la inestabilidad del mercado laboral, pues tener un contrato temporal hoy no te garantiza seguir trabajando en un periodo de tiempo no muy lejano. Este problema también afecta seriamente a la conciliación familiar, pues muchos jóvenes ven imposible formar familias en una situación tan precaria, cuando a penas son capaces de pagar un alquiler.
Por tanto, estamos ante un círculo vicioso, que impide que la economía salga a flote, ya que algunos políticos consideran importante seguir teniendo hijos, pero no están dispuestos a mejorar las condiciones laborales para ello. Un grave error, en mi opinión, teniendo en cuenta que una estabilidad laboral generaría una estabilidad familiar, y sería más sencillo formar una familia y contribuir así al funcionamiento progresivo de la economía. Aunque este sea solo un pequeño resumen de alguien que a penas tiene una noción simple sobre el sistema económico, espero que os haya gustado esta pequeña y muy resumida reflexión.

jueves, 3 de octubre de 2019

La droga del siglo XXI

Buenos días queridas lectoras y lectores. Hoy me gustaría hablar de un tema alarmante, que desgraciadamente está creciendo de forma exponencial los últimos años, una de las peores adicciones del siglo XXI, la ludopatía. Este trastorno, que afecta ya a más de medio millón de personas en España, se caracteriza por la existencia de una gran dificultad de controlar los impulsos para practicar juegos de azar de forma compulsiva. Uno de los errores más comunes que suele cometer la gente, es acusar a las personas que padecen este trastorno, creyendo que son plenamente conscientes de las consecuencias de sus actos, en vez de tratar a esa persona como una víctima de un sistema de juego demasiado abusivo. 
En el año 2011 se aprobó en España la Ley de Regulación del Juego, lo que fomentó el incremento masivo de las casas de apuestas y casinos online, que yo suelo llamar "la droga" de nuestra época. En cuanto al año 2018 los datos son terroríficos. El gasto en este tipo de juegos ha aumentado un 53% respecto al 2017, y la publicidad sobre los mismos un 48%. Si durante el año 2015 se invirtieron 134 millones de euros en publicidad, en el año 2018 casi se llegó a triplicar esa cifra, invirtiendo 329 millones de euros. Un dato realmente alarmante, sobretodo si tenemos en cuenta la cantidad de jóvenes que padecen este trastorno, y que actualmente muchos menores tienen este tipo de "droga" al alcance de su mano. Mi pregunta es, si está prohibido fomentar el consumo de alcohol y tabaco en los medios de comunicación, ¿por qué cada año se invierte más dinero en fomentar el consumo de juegos de azar, sabiendo que las personas que lo consumen pueden llegar a padecer un trastorno ludópata? 
Para finalizar esta publicación, me gustaría que dedicaseis un minuto a reflexionar sobre las miles de familias que se han arruinado por culpa de esta práctica, muchas de ellas de clase obrera, que no pueden permitirse ir a terapia para tratar este trastorno, esta "droga". Pensad también en la hipocresía de la sociedad, lo poco que importa la tasa de suicidios por culpa del fomento de estos juegos, y quién sale ganando con todo ello. Fomentar el juego es ayudar al incremento de un trastorno que ha destruido a miles de personas, de familias. No os dejéis engañar.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Hojas de otoño

Buenos días queridas lectoras y lectores. Como habréis podido comprobar, me he ausentado durante dos meses y medio. Necesitaba un tiempo para pensar y aclarar algunas ideas relacionadas con muchos aspectos de mi vida, entre ellos la escritura y este blog. Pero, a pesar de que sigo dándole vueltas a algunos asuntos, he comprendido que necesitaba volver a escribir, a ser yo mismo, aprendiendo de nuevos errores que vaya cometiendo por el camino hasta alcanzar mis metas. Es por ello que hoy regreso con esta publicación meramente informativa para anunciaros que el loco adolescente está de vuelta, regresa con muchas cosas nuevas, y puede que alguna inesperada sorpresa. Sé que sois pocas personas las que aún seguís al pie del cañón, esperando leer cada publicación de este humilde blog, así que, para que no tengáis que estar pendientes (y para obligarme a escribir regularmente) os informo de que las publicaciones serán periódicas, cada dos jueves, a partir del próximo día 3 de octubre. Una vez más, muchísimas gracias por seguir ahí, leyéndome tras la pantalla.

jueves, 4 de julio de 2019

La España vaciada


Nuestra lengua está conformada por miles de palabras con diversos significados. Pero hay una que es especial, que no se puede condensar en un vulgar significado, pues va más allá, atraviesa fronteras y personas, envolviéndolo todo, creando sus propios significados. Por eso quiero expresar lo que representa para mi esa palabra, pueblo. Un pueblo es un lugar donde vivir, más pequeño que una ciudad, pero que ocupa un lugar más grande en el corazón de quienes lo llevan consigo. Un lugar donde el tiempo se detiene, los árboles tienen mil historias que contarte, y las estrellas, ya muertas, parecen sonreírte en la noche. Donde huele a campo, los bosques nunca terminan, y los animales parecen sonreírte cuando pasas a su lado. Es aquel lugar en el que, para bien o para mal, todo el mundo te conoce, de donde a veces te dan ganas de escapar, pero al que ansías volver al oír la palabra hogar.
Y es que yo oigo la palabra pueblo cuando nadie la dice, la veo en un baile regional, en una canción que nadie recuerda, en plazas que un día albergaron a cientos de personas. Porque pueblo es perderte con la bici en medio de la naturaleza, pueblo es una conversación entre dos señoras en plena calle, e ir a hacer recados y tardar en regresar porque un amable vecino se preocupa por cómo te va la vida. El pueblo son esos veranos que no pisas por casa en todo el día, las fiestas, las risas, y las tardes en el río. Pueblo es ir a comer con tu abuela y que te eche demasiadas lentejas, porque tienes que crecer, aunque tengas 30 años. Pueblo es saber diferenciar cuándo tocan a misa y cuándo a muerto, ir a pasear con el perro del vecino, ese que te sigue a todas partes, y llegar a casa hecho un cristo porque corriste campo a través sintiendo que el mundo era tuyo. Pero creces, y ves que ese mundo que un día creíste tuyo, es capaz de destruir aquello que tanto amas, tu pueblo.
Porque pueblo también es trabajo, ese que emigró a otros lugares, llevándose parte de esa vida, reduciendo la población. Pueblo son jóvenes que se ven obligados a marchar para buscar oportunidades, algunos regresan, otros no volverán a correr la misma suerte. Pueblo es ver más gente en el cementerio que en las escuelas, son pájaros sobrevolando casas abandonadas, maleza creciendo donde algún día hubo un hermoso jardín. Y es que a veces el pueblo es un lugar donde no hay ambulatorio, ni transporte público. Donde un accidente te puede costar la vida por falta de buenas comunicaciones, donde la vida no es fácil. Pueblo son siglos de historia reducidos a cenizas porque un puñado de gente decidió mirar hacia otro lado. Son miles de historias que no volverán a ser escuchadas, voces silenciadas por un monstruo que destruye todo a su paso, que pretende acabar con el pueblo. Ver morir tu pueblo es sentir tu alma hacerse pedazos, porque el pueblo es el latido de millones de corazones. Yo no voy a permitir que el mío se muera, ¿y tú?