viernes, 2 de marzo de 2018

Quién soy 6: Promesas

Comienza el año 2015, una espesa capa de nieve cubre las calles. Poco más recuerdo de aquel frío invierno, demasiada nieve, manchada con mi sangre por última vez. Mi madre había descubierto las marcas de mis brazos, y asustada quiso saber por qué llegué tan lejos, el motivo que me llevó a hacerme tanto daño. No supe explicarlo, simplemente me quedé blanco, odiando mi ser una vez más por haber conseguido dañar a mi madre cuando lo único que quería era hacerme daño a mi mismo. Pero llegó el día, 14 de enero. Estuve hablando largo y tendido con una amiga, explicándole todo. Me hizo prometer que jamás volvería a hacerlo, que no volvería a cortarme y llenarme de sangre. La gente que me conoce bien sabe cómo soy con las promesas, hago muy pocas porque siento que pase lo que pase debo cumplirlas. Aquella fue una de ellas, y a día de hoy no puedo estar más agradecido por haber prometido algo. Así que esa misma tarde salí de casa, con la cuchilla que utilizaba para autolesionarme. Di un largo paseo por la nieve, y en un lugar apartado del pueblo, me deshice de aquel objeto que había hecho aquellas horribles marcas en mi piel. Di media vuelta, y no volví la vista atrás ni una sola vez.
Poco recuerdo de aquella primavera. Los recuerdos se mezclan y es difícil tener en mente un momento concreto. Ese año yo estaba cursando primero de bachillerato, por primera vez. No estaba a gusto en el instituto. Me sentía mal, fuera de lugar, y las ganas de largarme de allí para siempre aumentaban cada día más. Pero no podía hacerle eso a mi familia, bastantes problemas causa ya el hecho de tener a alguien emocionalmente inestable en casa. Aunque no culpo a nadie, pues si mi familia hubiese sabido en aquel momento cómo estaba realmente, habría vuelto a ver a la psicóloga, o me habría mudado por mi propio bien. No, apenas sabían una pequeña parte de todo lo que me sucedía, de cómo estaba realmente. Así que después de darle muchas vueltas encontré una solución. Quería repetir curso, a propósito. A mi madre no le hizo mucha gracia la idea, pero yo sé que en el fondo ella sabía que era lo mejor para mi. Quiero recalcar que mis compañeros de clase de entonces no tienen culpa de que tomase aquella decisión, simplemente me encontraba en un lugar en el que creía no encajar bien y no me sentía muy cómodo. Nunca quise culpar a nadie de una batalla que, a fin de cuentas, se libraba en mi cabeza.
Llegó el verano por fin, y mis notas eran las esperadas, la mayoría suspensos que no tenía en mente recuperar, seguía con mi idea de repetir curso. Aquel verano, no voy a mentir, fue uno de los mejore que recuerdo. Hice un nuevo grupo de amigos y amigas gracias a Almudena. La verdad es que no se lo decía mucho, pero junto con Irene, fue un gran apoyo para mi todos aquellos meses. Curiosamente en ese grupo de amigos, se encontraba un chico con el que me llevaba especialmente bien. Hablábamos mucho y nos gustaba pasar tiempo juntos. Ese verano empezamos a salir. Estaba entusiasmado, y muy nervioso, pues era la primera vez que salía con un chico, además teniendo en cuenta que apenas hacía un año que había salido del armario. Y como todos los amores de verano, fue algo tan fugaz como intenso. Llegó septiembre y él tuvo que regresar a casa, lejos, pero eso no impidió que siguiésemos juntos. Lamentablemente en el mes de octubre rompimos, y aunque en aquel momento no me diese cuenta, le dolió tanto a él como a mi. Afortunadamente a día de hoy seguimos siendo amigos.
Nos adentramos por fin en otoño. El 12 de octubre de ese año un grupo de amigos y amigas en el que yo estaba, cumplía un año. Para mucha gente era una tontería, personas con los mismos gustos y aficiones que tú que has conocido a través de un grupo de whatsapp. Yo les sigo considerando mi familia, porque gracias a ese grupo soy el Abel que soy ahora. También tengo que destacar que mejoré mucho mi estancia en el instituto. Al repetir curso me tocaba ir a clase con mi hermana, pero no era algo que me preocupase, sino todo lo contrario. También estaba en esa clase mi amiga Mónica, con la que estreché aún más lazos y consiguió que esos meses tan turbulentos se me hiciesen más llevaderos. Estaba a punto de acabar el año, y todavía no tenía ni idea de las sorpresas que me depararía el 2016.


viernes, 29 de diciembre de 2017

Quién soy 5: Cicatrices

Me temo que llegó lo inevitable. Llevo casi dos meses sin escribir, porque no sabía cómo redactar uno de los peores años de mi vida, pero por fin he reunido todo el valor necesario para contarlo.
Empieza el año 2014, un año que ojalá jamás hubiese existido. Pero bueno, también me sirve para madurar y no volver a repetir nunca cosas que inexplicablemente hice durante este año. A pesar de todo lo que pasó, que no fue poco, el mejor resumen que podría hacer es el propio título de este quinto capítulo, cicatrices.
Este año me regalaron mi primer smartphone por mi decimosexto cumpleaños. Parece un dato muy irrelevante, pero no lo es. Poco después me creé una cuenta de cada una de mis redes sociales actuales. Empecé a conocer gente, y a relacionarme con personas interesantes que, encerrado en un pueblo alejado de todo, no podía conocer personalmente. No sé si sabéis el infierno que resulta ser el único adolescente homosexual "fuera del armario" en el entorno que vives. Necesitaba encontrar gente como yo, que me entendiese de verdad, y qué mejor forma de hacerlo que a través de las redes sociales. A pesar de lo mal que lo pasé, y lo perdido que estaba, aún conservo amistades que hice ese mismo año. Es difícil recordar cosas que hace más de tres años que sucedieron, e ignoro si aquel año fui feliz algún momento. Me viene a la cabeza una imagen mía, en febrero o marzo, llorando en la calle, con la nieve cayendo sobre mí, sobre mis inevitables ganas de estar muerto. Creo que este año perdí por completo la inocencia, me di de bruces contra la cruda realidad. Hubo gente que quiso hacerme abrir los ojos, y yo como adolescente inmaduro que era, me negaba a asumirlo.
También fue el año en que perdí la virginidad, pero nunca lo dije. Lo normal era que los hijos se lo contaran a su padre, y las hijas a su madre, a un referente que pudiese entenderles y ayudarles. Pero, ¿a mí qué me quedaba? El miedo de no tener a nadie que pudiese entenderme, de que nadie supiese explicarme nada sobre ese tema concreto. Ningún amigo, ningún adulto a quien poderle hacer preguntas respecto a un tema que incluso me daba vergüenza mencionar. No fue algo de lo que me sintiese muy orgulloso, al menos por un tiempo. Ahora pienso en ello y sinceramente, no me disgusta demasiado lo que ocurrió. Quizá por eso confié demasiado en las personas equivocadas, haciéndome vagas ilusiones de que por fin sería importante para alguien. Un error más que colecciono como recordatorio para poder aprender más sobre mí mismo.
Ese verano fui tres semanas a casa de una gran amiga, con quien tengo mucha complicidad y a quien aprecio mucho. Desgraciadamente las dos últimas semanas con ella fueron horribles, pues me puse muy enfermo. Fui de hospital en hospital sin saber qué me pasaba, hasta que por fin me diagnosticaron mononucleosis. Recuerdo muy bien las palabras del médico "Unos días más y podrías haber muerto". Lo peor fue lo que pensé en aquel momento, que ojalá hubiesen pasado esos días, y hubiese muerto de forma natural. La depresión estaba haciendo estragos en mi cabeza. El resto del verano fue muy tranquilo, me mandaron reposo y a penas hice gran cosa. Pero llegó el otoño, y las hojas que vagamente caían de los árboles, fueron manchadas con mi sangre.
Recuerdo largos paseos escuchando música, caminando a ninguna parte, pasando frío, lo que fuese con tal de estar solo. Lo peor fue, cuando un día lleno de furia, conseguí hacerme con una cuchilla. Lo siento mucho por la gente sensible que esté leyendo esto, pero necesito contarlo para intentar superarlo. Me agarré del brazo y, me corté. No dolió, no sufrí, simplemente me senté a llorar mientras la sangre recorría mi brazo, con un escozor que no me importaba soportar. Estaba enfadado conmigo mismo por haber hecho aquello, destrozado por tener que aguantar cosas que llevaba meses intentando evitar. Empecé el primer curso de bachillerato, y me sentía peor que nunca en el instituto. En parte por culpa de la depresión, y también, para mi desgracia, culpa de dos personas que no mencionaré. Tal vez su intención no era causarme tanto daño, pero yo era demasiado sensible como para querer soportarlo.
Recuerdo tener que ir a pasear a la perra de mi tía, que estaba enferma en el hospital, y aprovechar esos paseos para seguir haciéndome daño, expulsar sangre envenenada con una enfermedad mental que no era capaz de controlar. Ver a una perra que pensé que me tenía manía, intentando lamerme unas heridas que yo mismo me había hecho. Aquello me conmovió y me hizo odiarme un poco más a mi mismo por hacer algo que se me iba de las manos. Aunque la peor parte llegó el martes 16 de diciembre. Salí llorando del instituto, como muchos otros días, llegué a casa lleno de furia y, sin darme cuenta, me hice un corte más profundo de lo normal. Creí que me desangraba. Manché la ropa de sangre, y lo escondí todo para que no lo viesen mis padres. Entonces me di cuenta de que había ido demasiado lejos, y tenía que tomar una decisión. Dejar de hacerme tanto daño, o hacerlo de verdad y acabar por fin con mi vida. 

jueves, 19 de octubre de 2017

Quién soy 4: La depresión

Junio de 2013, comienza un verano inolvidable, aunque desgraciadamente no para bien. Entre el 27 de junio y el 11 de julio, mi prima Iris y yo estuvimos de vacaciones en Inglaterra. Nos lo pasamos bien juntos, aunque yo a veces estuviese triste o decaído. Solía decir que era porque se me hacía extraño estar tan lejos de casa. Ojalá fuese cierto aquello, pues la realidad era totalmente distinta. No negaré que disfruté del viaje, pues así fue, pero podría haber sido mucho mejor de haber viajado en otras circunstancias, sano, sin aquellos pájaros atormentando cada pensamiento negativo que mi quebrada cabeza intentaba evitar sin éxito. Llegó el día de volver a España, por fin. Como siempre, intenté aparentar normalidad, pero aquella bomba estaba a punto de explotar.
Lo que viene a continuación lo explican mejor las imágenes, de una conversación que tuve con una buena amiga, el día 16 de julio. Quiero recalcar que gracias a su apoyo incondicional durante todos estos años, he logrado superarme a mí mismo poco a poco.



Lo que vino después ya es algo más obvio. Mi madre supo lo mal que estaba y decidió hablar con el médico para que me recomendase un psicólogo. Ese mismo verano comencé la terapia, y mi psicóloga me dijo algo que ya sabía, pero me negaba a admitir, tenía depresión. Las primeras sesiones fueron algo extrañas y un poco duras para mí. Pero gracias a ellas logré superar poco a poco ciertos traumas que me atormentaban. Seguí varios meses acudiendo a la psicóloga, pero como estoy siguiendo un orden cronológico, seguiré contando cosas que pasaron durante ese periodo de tiempo.
En septiembre de ese año comencé el cuarto curso de la ESO. Por lo general fue uno de los mejores comienzos que recuerdo, aunque no era muy difícil mejorar los anteriores. Por fin tenía una amiga en clase, Irene, con quien pasaba todo el día y a quien le contaba mis cosas. Pero las risas duraron poco. Por si no lo he mencionado, llevaba un año colado por un chico. Esto lo sabía muy poca gente, la gente más cercana a la que ya le había dicho que era gay. Pues bien, mes de octubre, a penas unas semanas después de empezar el curso. Ese día no había agua caliente en mi casa, lo recuerdo perfectamente porque fui a casa de prima a ducharme, y no podía parar de llorar. ¿Por qué? Pues a este idiota adolescente no se le ocurrió otra cosa que confesarle al chico que le gustaba precisamente eso, que le gustaba. En fin, imaginad la respuesta de un hetero de 15 años a un chico idiota de 15 años. Sinceramente, la culpa fue mía por no darme cuenta antes de que no tenía que haber dicho nada, aquello claramente no iba a salir bien. Desgraciadamente la cosa no acabó ahí. Al día siguiente había “rumores” por ahí de que yo era homosexual. Estaba harto de que la gente hablase de mi sin tener ni idea, así que decidí salir del armario. Prefería que todo el mundo se enterase de ello por mi, y no por los demás. Así que, para llegar a más gente en poco tiempo, escribí un texto en Facebook, que vio mucha gente. Y para mi sorpresa, había mucha gente que me comprendía y apoyaba. La sensación de liberación que tuve en aquel momento es indescriptible. Sin embargo no todo el mundo pensaba lo mismo. Había gente, afortunadamente poca, que usaban mi condición sexual como una excusa más para insultarme y acosarme. Pero gracias al apoyo de la gente de mi alrededor, y sobretodo de la psicóloga, era capaz de soportar aquel infierno. O al menos, eso quería pensar. Los meses siguientes no variaron mucho, hasta que llegó el año 2014, un año nefasto que, inconscientemente, mancharía de sangre.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Quién soy 3: El detonante

Septiembre de 2012, comienza el curso que lo marcó todo, un antes y un después en la historia de mi vida, y en mi paso por el instituto. Tercero de ESO, el curso en el que tenía más asignaturas, de distintas ramas educativas, para poder elegir al final del mismo por cuál de esas ramas te orientarías el curso siguiente. Pero aquella elección era la menor de mis preocupaciones, una insignificante decisión comparada con el mar de monstruos que habitaba mi cabeza, al que le pondrían nombre unos meses más tarde. Como ya comenté en la anterior publicación, había gente en clase con la que me llevaba bien, aunque no tuviese mucha confianza con esas personas. Bien, esto es importante. Siempre pensé que tenía mucha empatía, que podía comprender los problemas de la gente y a veces me dolían a mi también. Una compañera de mi clase, a la que siempre tuve muchísimo aprecio, tampoco estaba bien. Tenía una enfermedad (tampoco voy a hablar mucho del tema porque no es algo que a mi me concierna), y faltó al instituto por unos meses. Lo sentí muchísimo por ella, de corazón. Toda la clase la echábamos de menos. Era, y es, una de esas personas imposibles de odiar, y que no podías evitar apreciar, se hacía de querer. De hecho le dediqué una publicación en mi blog hace tiempo. Aquí está. Gracias por tu apoyo durante todos estos años, de verdad. 
En otoño de aquel año fui sincero con la persona más importante de mi vida. Pues cansado de ocultar mis verdaderos sentimientos, le confesé a mi hermana quién me gustaba. Se quedó algo sorprendida al saber que era un chico, pero no dijo nada al respecto. Aquello me dejó algo confuso, pero yo sabía que ella lo aceptaba. 
Pasaban los días en clase, y ocurrió algo que jamás hubiese imaginado. Un día estaba en mi pupitre, cabizbajo y llorando, como de costumbre, cuando se me acercó una chica. Esa chica era la primera vez que iba a mi clase, pues estaba repitiendo curso. Me intentó animar y me sacó una sonrisa. Casi cinco años han pasado, y no se me olvidará nunca. Esa chica es ahora una de mis mejores amigas, Irene. Creo que se lo dije alguna vez, pero es muy probable que de no haber estado ella ahí, tal vez yo ya no estaría aquí. Jamás seré capaz de compensarte todo lo que has hecho por mi.
Por si fuese poco, durante este curso descubrí mi verdadera pasión por la escritura, pero de una forma no muy agradable. Nuestra profesora de literatura nos mandaba escribir relatos cada semana a algunas personas de la clase. Yo contaba historias que expresaban mis sentimientos. Hasta que leí en clase una de ellas. La historia trataba sobre una chica deprimida que acabó suicidándose. Todavía recuerdo las caras de mis compañeros y la profesora, asustados, sin saber qué decir. Poco después mi profesora me mandó a hablar con la orientadora del instituto (era nueva, porque el orientador que había estaba de baja). Durante varias semanas hablaba con ella, e intentaba ayudarme. Conseguí que se reuniese con mi madre y mi padre, y les contase aquello que a mi me atemorizaba tanto decirles, que era homosexual. Lo llevaron bastante bien, en ese aspecto tuve suerte, pero me recomendaron que por el momento no se lo dijese a todo el mundo. Es lo que tiene vivir en un pueblo con tan poca diversidad sexual. Pero no hacía falta que me dijesen nada, el miedo que yo sentía era ya demasiado fuerte, demasiado doloroso. Me daba asco a mi mismo por tener que ocultar mi verdadera identidad solo por miedo.
Acabó el curso, suspendí dos asignaturas, era la primera vez queme pasaba, me sentí un fracasado por ello. Y por fin llegó, verano de 2013. Iba a viajar a Inglaterra con mi prima Iris. Las cosas parecían ir bien, mejorando. Pero no era así, nada iba bien. Aquello solo fue el detonante, la bomba estaba a punto de estallar.

jueves, 10 de agosto de 2017

Quién soy 2: Transición

Los siguientes dos años los recuerdo peor, mi memoria no es capaz de recordarlo todo. Pero haré un esfuerzo. 2011, finalizo mi primer año en el instituto, con unas notas bastante bajas, teniendo en cuenta que mis notas en el colegio no solían bajar del 8. Nunca fui un estudiante ejemplar, lo reconozco. Tampoco pondré mis problemas de excusa frente a mis notas, aunque en algunos aspectos sí que han influido, no voy a mentir. Septiembre de 2011, comienzo mi segundo año en el instituto. De este curso me acuerdo de algunas cosas más que el anterior. Las clases eran igual, hablaba con algunas personas, pero sin tener confianza con nadie, ninguna persona a la que contarle cómo me sentía realmente. Estaba aislado en clase, pero no culparé a mis compañeros por ello, pues en parte era yo quien quería estar solo. Tenía miedo, como de costumbre, de que alguien me conociese realmente, y huyese por ello. De no ser comprendido, ni aceptado. Aunque al menos tenía a mi prima Iris, a quien nunca tuve el valor de agradecer que estuviese ahí. Fue gracias a ella por lo que mis primeros años en el instituto se me hicieron algo más llevaderos. A pesar de que no era del todo sincero con ella, pues en esa época no lo era con nadie. Durante este curso hice buenas migas con mi profesora de música. Empecé a expresarme un poco más, pues mi pasión por el piano y la música empezó a florecer poco a poco, y con ello una parte de mi más alegre, más viva.
Los meses pasaban, llegó 2012, y con él mi decimocuarto cumpleaños. Un año más, y yo seguía igual de perdido, o al menos eso creía. A pesar de no haber salido aún del armario (no sé por qué sigo utilizando esa expresión), no podía evitar ser quien era, y eso la gente lo notaba. A veces me llamaban maricón, sin si quiera confirmar que lo era. Para nada es un insulto, pero así me hacían sentir que fuese, pues solo sabían usar esa palabra de forma peyorativa. Ellos solo ponían un granito de arena insignificante, que era el insulto. La montaña la creaba yo, haciéndome creer que mi vida no valía absolutamente nada porque era un cobarde incapaz de afrontar una realidad por miedo, miedo a que la gente pensase que era diferente, y me odiasen por ello, casi tanto como me odiaba yo a mi mismo. Acabó el curso, otro más, con unas notas razonablemente mediocres, no muy diferentes a las del primer año, para qué variar. Me acostumbré a no estudiar, tenía demasiados fantasmas en la cabeza que me impedían concentrarme. Y fui tan cobarde que, en vez de enfrentarlos, los puse como excusa para intentar evadirme de algo de lo que lamentablemente no podía escapar. Pasó el verano, un verano del que sinceramente no me acuerdo. No sé si estuve bien, o mal. Si hice daño a alguien, o solo a mi mismo. Solo sé que después de aquellos tres meses, comenzó uno de los cursos más duros emocionalmente que tuve que afrontar durante mis siete años de instituto. Pues ahora sí, mi vida estuvo en juego por primera vez.


sábado, 15 de julio de 2017

Quién soy 1: El año maldito

Todo empezó en 2010, o como lo llamo yo a veces, el año maldito. Maldije aquel año por varios motivos. El primero y peor de todos fue, el incidente. Ni si quiera me acuerdo si fue aquel año, pero es algo de lo que me arrepentiré el resto de mi vida. Creo que nunca hablé de ello, tal vez a una persona, pero es algo que prefiero no recordar. En junio de ese maldito año, murió mi abuela, algo que me llevó tres dolorosos años asumir. Pero, desgraciadamente, la pesadilla no había hecho más que comenzar. En septiembre empezaría el instituto, sí, el mismo instituto que tantas veces he aborrecido y del que me ha costado siete largos años salir. Tenía asumido que no sería fácil, y efectivamente, fue una mierda. Si ya en el colegio me sentía solo, allí mucho más. Todo el mundo era mayor que yo, había grupos de gente, de amigos... Quizá era pronto para decir que yo tenía alguno. Si es verdad que había gente con la que me llevaba bien, pero no era lo mismo. Dejé de celebrar mis cumpleaños, no me sentía cómodo desde hacía tiempo con ello. Cumplir años, sin tener nada que celebrar. En el fondo entendía que tuviese que estar solo, pues yo mismo me consideraba raro de aquel entonces. Si bien lo normal (no sabéis cuánto odio esa palabra) era que la gente de mi edad jugase al fútbol y hablase de videojuegos, a mi me gustaba más la lectura, y no encontraba nadie con quien compartir aficiones. Por si fuese poco ese año empecé a descubrir mi sexualidad y explorar mi cuerpo. Me empecé a masturbar (parece algo fuera de lo común, y no entiendo por qué sigue siendo un tema tabú) y me di cuenta que a mi realmente me excitaban los hombres. En esa época sentía que estaba confundido, aunque efectivamente no lo estaba, era homosexual, me gustase o no. Tenía mucho miedo, pues sabía perfectamente que la gente no lo vería bien, ya que los chicos de mi edad siempre hablaban de que tenías que fijarte en las chicas etc. Pasé años ocultando mi verdadera personalidad, por miedo, pánico a que pudiese pasarme algo más grave que ser rechazado. Y llegamos al final de este fatídico año, con una desgracia más. Mi tío, el padrino de mi hermana y al que yo tenía de referente como si fuese mi abuelo, llevaba meses enfermo, y a finales de diciembre, murió. No me sorprendió tanto como la muerte de mi abuela, pues la suya fue repentina mientras que la de mi tío se veía venir. Pero dolió igual. Nunca se lo dije a mi familia, pues me da apuro hablar de estas cosas, pero sentí un enorme vacío en mi vida los meses posteriores. De aquella, y hoy día a veces también, interiorizaba el dolor, me lo guardaba todo, y creo que ese fue uno de los detonantes de lo que ocurriría los años posteriores. 

jueves, 22 de junio de 2017

Quién soy

Buenos días queridas lectoras y lectores. Ayer estuve de viaje y no pude publicar nada a tiempo, pero hoy vengo con una publicación, que en mi opinión, es muy interesante e importante. Llevo semanas dándole vueltas a un asunto, y creo que ha llegado la hora de contar la verdad. Hasta hace muy poco tiempo, cada vez que alguien me preguntaba  a cerca de mi pasado, mi etapa de depresión y demás, yo contaba solo algunas cosas, historias incompletas y muy resumidas, incluso alguna que otra mentira. Pero eso se acabó. Creo que es inútil intentar superar algo a lo que nunca he sido capaz de enfrentarme del todo. Por primera vez en mi vida lo contaré todo, o al menos todo lo que estoy absolutamente seguro de que pasó. Tanto el mal que he sufrido, como el que yo mismo provoqué. No será una historia corta, de hecho, la dividiré en varias publicaciones, que iré redactando a lo largo del verano. Avisaré a través de mis redes sociales antes de cada publicación. Si alguna persona conocida está leyendo esto, y tiene miedo de que su historia conmigo salga a la luz, que no se preocupe. Usaré nombres falsos en algunas partes de la historia para proteger la identidad de algunas personas porque, como he dicho, la historia será la más completa y sincera que nunca me he atrevido a contar. Tampoco estoy seguro de cuándo empezaré a publicarla, pues aún no he sido capaz de redactar ni la mitad de todo lo que quiero contar. Pero será pronto, no quiero demorar esta situación más de la cuenta. Quiero explicar, ante todo, que la decisión ya está tomada, le pese a quien le pese, y que conozco perfectamente las consecuencias de sacar mi pasado a la luz. Pero como digo siempre, si no quisiera que la gente se enterase, no lo publicaría. Asumiré encantado las consecuencias de mis actos, como persona adulta que soy, pues el objetivo de contar esta historia no es otro que la liberación y superación de mi ser, de estos últimos siete años ocultándome a mi mismo cosas que, de un modo u otro, no estaba capacitado para asumir. Quizá algunas personas piensen que estoy exagerando, que me estoy poniendo demasiado dramático con este tema, quién sabe. Desde luego ese no es mi objetivo, solo quiero contarle al mundo la verdad, porque yo tampoco fui muy buena persona, y pocas veces tuve el valor de reconocerlo. Me gustaría muchísimo que cualquier persona que me conozca, familiar, amigos y amigas, conocidos y conocidas, estuviese al tanto porque, esta historia le concierne a mucha gente. Creo que eso es todo por hoy, me temo que la entrada de esta semana es meramente informativa, y que tendréis que esperar un poco más para leer la historia completa. Pero estoy seguro, de que valdrá la pena. Un saludo, y un día más, gracias por leerme.