jueves, 3 de enero de 2019

Apertura de comercios en días festivos

Buenos días queridas lectoras y lectores. Como algunas personas ya sabréis, hace unos días realicé y compartí una encuesta sobre la apertura de los comercios en días festivos, con el motivo de conocer las opiniones de distintas personas acerca del tema. Me alegra saber que han colaborado un total de 105 personas, todo un logro teniendo en cuenta que sois pocas personas las que leéis y disfrutáis de mis publicaciones. Antes de realizar la encuesta, estas personas debían especificar su sexo, rango de edad, y situación laboral. De este modo podremos analizar los resultados desde distintas perspectivas.
El cuestionario constaba de cinco preguntas, a las que se podía responder afirmativa o negativamente, a excepción de la pregunta 4, que se mostrará a continuación. De las 105 personas encuestadas, el 54,3% eran hombres, y el restante 45,7% mujeres. En cuanto a la edad, tan solo un 1% era menor de edad, un 55,2% tenía entre 18 y 25 años, un 33,3% entre 26 y 45 años, y el restante 10,5% entre 46 y 65 años. Finalmente, si nos referimos a la situación laboral, tanto los estudiantes como las personas que trabajan, pero no en comercios, representan un 37,1% cada uno. Los desempleados un 16,3% y los trabajadores de comercios un 9,5%.
A continuación, adjuntaré una tabla con todos los resultados para finalmente comentarla, pero antes voy a numerar las cinco preguntas realizadas en el cuestionario:
1. ¿Estás a favor de que los comercios abran en días festivos? (Domingos, fiestas municipales/nacionales...)
2. ¿Crees que es NECESARIO (independientemente de tu respuesta anterior) que un comercio abra esos días?
3. ¿Alguna vez has ido a comprar algo, que realmente no necesitabas con urgencia, a un comercio un día festivo?
4. En caso de que los comercios abriesen días festivos, ¿qué tipo de jornada verías adecuada para esos días?
5. Finalmente, ¿estarías dispuest@ a anteponer el bien común de la clase trabajadora a tus caprichos y necesidades individuales?

Preg 1
Preg 2
Preg 3
Preg 4
Preg 5
No
No
No
Media
Completa
No
Hombres
38,6%
61,4%
29,8%
70,2%
57,9%
42,1%
80,7%
19,3%
73,7%
26,3%
Mujeres
37,5%
62,5%
20,8%
79,2%
62,5%
37,5%
91,7%
8,3%
66,7%
33,3%
Menor 18
100%
0%
0%
100%
100%
0%
100%
0%
100%
0%
18 – 25
41,4%
58,6%
24,1%
75,9%
60,3%
39,7%
93,1%
6,9%
63,8%
36,2%
26 – 45
37,1%
62,9%
34,3%
65,7%
62,9%
37,1%
77,1%
22,9%
77,1%
22,9%
46 – 65
18,2%
81,8%
9,1%
90,0%
45,5%
54,5%
72,7%
27,3%
81,8%
18,2%
Desempleados
29,4%
70,6%
5,9%
94,1%
52,9%
47,1%
88,2%
11,8%
70,6%
29,4%
Estudiantes
38,5%
61,5%
23,1%
76,9%
64,1%
35,9%
89,7%
10,3%
66,7%
33,3%
Trabajadores no comercios
33,3%
66,7%
33,3%
66,7%
59%
41%
82,1%
17,9%
76,9%
23,1%
Trabajadores de comercios
70%
30%
40%
60%
60%
40%
80%
20%
60%
40%
General
38,1%
61,9%
25,7%
74,3%
60%
40%
85,7%
14,3%
70,5%
29,5%
Basándonos en la información que aparece en la tabla, podemos comentar los resultados desde tres puntos de vista diferentes:
-En cuanto a la diferencia entre hombres y mujeres, a pesar de obtener resultados similares, podemos apreciar que son más las mujeres que están en contra de la apertura de comercios en días festivos, y no ven necesaria esta práctica, además de preferir mayoritariamente una jornada media en caso de que se produzca. Sin embargo, son los hombres los que estarían más dispuestos a anteponer las necesidades colectivas a las personales.
-Entre las diferentes franjas de edad, destacar primero que la única persona menor de 18 años, a pesar de estar a favor de la apertura de comercios en esos días, estaría dispuesta a anteponer el bien común a sus necesidades individuales. Para el resto de las edades, podemos destacar que las personas de entre 46 y 65 años son las que están más en contra de la apertura de comercios, y no ven prácticamente necesaria esa práctica, además de ser los que más dispuestos estarían a sustituir sus necesidades individuales por las comunes. Sin embargo, en lo referido a la jornada, son los jóvenes de entre 18 y 25 años quienes prefieren mayoritariamente una media jornada para esos trabajadores.
-En cuanto a las diferentes situaciones laborales de las personas encuestadas, son las desempleadas las que prefieren que los comercios no abran en fechas festivas, además de considerar prácticamente que este acto no es necesario. En cuanto a la jornada, los resultados son bastante similares, coincidiendo todos en que sería más adecuada una media jornada. Sin embargo, son los trabajadores de puestos no comerciales los que estarían más dispuestos a renunciar a sus caprichos y necesidades individuales en favor de la mayoría. Hay que destacar notablemente los resultados de las personas que trabajan en comercios, quienes prefieren mayoritariamente trabajar en días festivos, aunque están ligeramente de acuerdo en que no es necesario, y poco más de la mitad estarían dispuestos a sacrificar sus necesidades individuales por un bien común.
Después de haber analizado estos resultados, no me queda más que finalizar exponiendo mis propias conclusiones, que pueden o no coincidir con las suyas. Intentaré ser breve, aunque este tema es tan amplio que se podría escribir un libro entero sobre ello. Yo no considero que la apertura de comercios en días festivos sea necesaria, ni estoy a favor totalmente de ella. En caso de que abriesen, soy partidario de que una media jornada sería más que suficiente, y sí, estaría dispuesto a renunciar a mis caprichos y necesidades personales por un bien común si fuese necesario. Considero que los comercios, hoy día, tienen jornadas amplias durante toda la semana, con varios turnos y horarios muy accesibles, y no veo la necesidad entonces de abrir un festivo para que alguien vaya a comprar algo que podría haber comprado el día antes, o un día después. Creo que la sociedad se ha vuelto muy cómoda, que queremos todo a nuestro alcance en cualquier momento, y que en cierto modo nos hemos vuelto un poco individualistas. Nos dan igual las consecuencias que pueda haber contra terceros mientras obtengamos lo que queremos, y muchas veces no somos conscientes de todo lo que hay detrás de una decisión tan absurda como trabajar un día concreto. Sin embargo, y como reflejan los resultados de la encuesta, hay bastante gente partidaria de trabajar en un comercio un día festivo, seguramente porque sus condiciones de trabajo son adecuadas y reciben la compensación necesaria por realizar su trabajo un día que teóricamente no deberían. Como consumidor, y futuro defensor de los derechos laborales, he dejado mi posición frente a este tema bastante clara. No obstante, siempre que haya un acuerdo consensuado entre empresa y trabajadores, y puedan elegir libremente trabajar un día que no les corresponde a cambio de la compensación adecuada, me parecerá razonable la decisión de abrir ese día.
Para terminar, quiero agradecerle enormemente su colaboración a toda la gente que ha respondido la encuesta, y también a aquellas personas que han querido debatir personalmente sobre este tema, bastante interesante, por cierto. Podéis compartir la publicación, comentar en ella lo que os ha parecido, o debatir sobre este tema educadamente tanto en comentarios de la publicación, como por redes sociales. Muchas gracias por la atención recibida.


miércoles, 19 de diciembre de 2018

No compres: Adopta


Buenos días queridas lectoras y lectores. Se acercan fechas navideñas, unas fiestas en las que aumentan notablemente la compra de regalos a familiares y amigos. Pero desgraciadamente hay muchas personas que no saben diferenciar un regalo de algo que es mucho más que un capricho. Hablo de esos nuevos miembros familiares, perros y gatos mayoritariamente. Mucha gente considera una mascota como un buen regalo en estas fiestas, a veces sin llegar a pensar en lo que ello puede suponer para esos animales, ajenos a todo. Hay dos motivos principales por los que esta práctica muchas veces me parece una mala idea para los animales, aunque afortunadamente no siempre.
Uno de ellos es la compra frente a la adopción, algo bastante común para la gente que trata a los animales como mera mercancía. Personalmente estoy totalmente en contra de la compraventa de seres vivos. Hay personas egoístas que piensan en los perros y gatos como un capricho, y quieren comprarlos a la carta, de raza a ser posible. Es un acto que me repugna, pues en absoluto piensan en el bienestar de ese animal, que tiempo después es probable que sea abandonado, como cualquier capricho humano. También hay que destacar la gran labor de las protectoras de animales, que desgraciadamente están desbordadas por culpa del alarmante número de abandonos de animales en los últimos años. Por eso me parece tan importante luchar contra la compra de animales, existiendo tantos indefensos en protectoras que solo quieren un hogar y una familia.
El otro motivo es, como he mencionado anteriormente, el abandono. El simple hecho de tratar a un animal como si fuese cualquier otro regalo de navidad es ya en sí un acto que le quita importancia al bienestar de este. Lo más triste por desgracia es cuando a muchas personas les deja de gustar ese animal una vez que ha crecido, o se dan cuenta de que mantenerle conlleva más responsabilidad de la que esperaban, y sin ningún escrúpulo lo abandonan. Para mí, y para mucha más gente, un perro o gato es prácticamente como un hijo, y por eso me parece un acto muy cruel y deleznable abandonarlos a su suerte por pura comodidad. Es decir, que hay gente que, en vez de adoptar perros y gatos de protectoras de animales, los compran en “tiendas”, y a veces después de un tiempo les abandonan, y van a parar (si no mueren) a esas protectoras. Con lo cual las protectoras cada vez están más desbordadas y no pueden afrontar los gastos que conlleva mantener a todos esos pobres animales.
En definitiva, tanto si es por estas fechas, como en cualquier época del año, hay que tener claro que los animales no son tan distintos a nosotros. Necesitan cuidados, cariño y respeto, y tenemos que tener muy claro que queremos y podemos cuidarlos a la hora de adoptarlos, para darles un hogar en condiciones.  Por eso me parece fundamental apoyar y defender la adopción por encima de todo, y acabar con esas tiendas de animales que lo único que consiguen es hacerles daño. Cuídalos, quiérelos.


miércoles, 5 de diciembre de 2018

Muertos de hambre


Buenos días queridas lectoras y lectores. Hoy voy a hablaros de un tema que me parece muy importante, sobre todo para estudiantes de educación secundaria, y sus respectivas familias. Con educación secundaria nos referimos, principalmente en España, a los cuatro cursos de la ESO y los dos de Bachillerato o bien ciclo formativo de grado medio. Si el sistema no ha cambiado mucho, al empezar cuarto de la ESO (es decir, teniendo una edad aproximada entre 15 y 17 años) la población estudiantil se verá obligada a tomar una decisión que a veces puede resultar difícil a esa edad. Deberán elegir asignaturas acordes a sus gustos o su visión de futuro, es decir, lo que se conoce como “ciencias o letras”. Dentro de esta generalización podemos encontrar diferentes ramas, como ciencias de la salud, ciencias tecnológicas, ciencias sociales, humanidades y artes, entre otras.
Ahora bien, esta decisión muchas veces está condicionada por las madres y padres de los estudiantes. Varios estudios socioculturales han demostrado que en España se tiende a infravalorar las ramas educativas de humanidades y artes, ensalzando así las ciencias de la salud y ciencias tecnológicas. También hay que tener en cuenta aquellas familias en las que se pretende crear una reproducción social, es decir, que los hijos estudien las mismas cosas que los padres. Si tu madre es abogada, seguramente te incite a estudiar derecho, aunque esto no ocurra siempre. Si además tenemos en cuenta la temprana edad a la que estos estudiantes se ven obligados a tomar decisiones complicadas de cara al futuro, podemos intuir que estarán más expuestos a una posible influencia familiar, dejándose aconsejar, en algunos casos incluso extorsionar, por sus progenitores.
Seguramente habréis oído varias veces frases como “si estudias esto serás un muerto de hambre” o “este tipo de estudios no tienen muchas salidas laborales”. Es aquí donde reside la razón por la que he decidido hablar de esto. Soy consciente de que el sistema educativo no es muy bueno, y que nos hace elegir cosas que seguramente en ese momento no tenemos muy claras. Pero hay mucha gente que, incluso teniendo las ideas claras, se ve obligada a estudiar cosas que no le gustan, simplemente por el hecho de que a su familia le parece “mejor”, y no ve futuro en sus ambiciones. Espero que en este momento algún padre o madre esté leyendo esto, porque este mensaje va dirigido para ti. Puedes aconsejar a tus hijos sobre los estudios, exponerles ideas u opciones, pero jamás permitas que tus “visiones de futuro” destrocen sus sueños. Si tu hija quiere ser abogada, o tu hijo trompetista, si quieren estudiar bellas artes, o filosofía, apóyales. Tal vez con el tiempo cambien de opinión, o tal vez no. Pero si alguna vez cometen un error respecto a su futuro, que nunca sea por no haberles dejado intentarlo.
Y a vosotras y vosotros, estudiantes, espero que seáis y os sintáis siempre libres de poder elegir vuestros estudios, o de simplemente elegir trabajar porque los estudios no son lo vuestro. Pero que nadie os impida jamás adueñaros de vuestro propio futuro.  


miércoles, 21 de noviembre de 2018

Luna

Buenos días queridas lectoras y lectores, hoy voy a escribir una publicación especial, y es que ayer hubiera sido el decimocuarto cumpleaños de alguien muy importante para mí, Luna. Desgraciadamente, el 11 de agosto falleció, dejando en mi corazón, y en el de mi familia, un vacío muy grande. Es por esto por lo que hoy quiero hablar de ella, porque durante los trece largos años que estuvo en la familia, fue muy importante para mí.
Me acuerdo perfectamente del día que llegó a casa. Yo tendría unos siete años, y mi padre traía consigo un cachorro. Era preciosa, una mezcla entre lobo y pastor alemán. Mi hermana y yo estuvimos discutiendo sobre el nombre que le pondríamos, y finalmente mi madre intervino, diciendo que a ella le gustaba Luna. A todos nos pareció un buen nombre para la nueva miembro de la familia. Recuerdo que los primeros años era muy revoltosa y rebelde, siempre cogiendo la ropa o rompiendo alguna zapatilla. Mi padre y mi madre la echaban la bronca, lógicamente, pero a mi hermana y a mí nos costaba más, tenía una cara tan adorable, y era tan cariñosa, que nos era imposible decirle algo malo. Una de las cosas que más gracia me hacía de Luna, era que nunca nos dejaba bañarla, ni si quiera acercarnos a ella con una manguera, pero no había día lluvioso que no saliese a mojarse por cuenta propia. También le gustaba la nieve, y que jugásemos con ella en pleno invierno. Acabábamos empapados y muertos de frío, pero merecía la pena pasar esos ratos tan agradables que hacían que el invierno tuviese sentido. Sin duda, Luna aparece en los mejores momentos que conservo de mi infancia y adolescencia, y ha sido un gran apoyo para mi durante los momentos más duros. Ninguna persona conseguía animarme en aquellos momentos en los que creía que mi vida no tenía sentido, pero ella no era una persona, era la razón de mis escasas sonrisas. Un paseo con ella era suficiente para evadirme de cualquier mal.
Sin embargo, el 11 de agosto de este año pasé por el que considero el peor momento de toda mi vida. Estuvimos con ella hasta el final, y en apenas unos segundos, la luz de sus ojos se apagó. Nadie dijo nada, pues no éramos capaces de gesticular palabra alguna, tan solo se oía nuestro llanto por tan terrible pérdida. Siempre nos han enseñado a superar una pérdida de un ser querido, pero nadie habla nunca de la pérdida de un perro, que también es un ser querido. Nadie te toma en serio, creen que una “mascota” es menos importante que un abuelo. Era una más de la familia, y la queríamos como tal. Por eso nos dolió tanto su pérdida, por eso la recordamos hoy, como cada día, porque trajo a nuestras vidas tanto cariño y tanta felicidad, que nadie puede imaginar lo importante que era para nosotros. Dicen que nadie muere nunca del todo si su recuerdo permanece vivo, y es por eso por lo que, aunque Luna ya no esté tan cerca, jamás se habrá ido del todo. 


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Libertad de expresión 2.0


Buenos días queridas lectoras y lectores. Últimamente estoy muy atareado con cosas relacionadas con los estudios y mi vida personal, así que decidí hacer una encuesta con dos temas interesantes para que fuese la gente que me lee, quien decidiese el tema sobre el que hablaría hoy. Pero no os preocupéis que, aunque haya ganado esta opción, sobre la otra también me gustaría hablar más adelante. La gente que siga mi blog desde hace tiempo sabrá que ya hablé sobre este tema hace poco más de un año, pero he decidido volver a escribir sobre ello, con una opinión más actual, más renovada, pues como dije y reitero mil veces en la publicación de madurar, hay que evolucionar, reinventarse, y esto conlleva muchas veces a un cambio de opinión respecto a muchas cosas a medida que aprendes y vives nuevas situaciones y experiencias. Dicho esto, empecemos. 
Este tema en concreto me llamaba mucho la atención desde hace tiempo, sobre todo por las ridículas situaciones por las que pasa España últimamente. Así que lo que haré será explicar primero lo que es para mí la libertad de expresión (muy subjetiva, por cierto), y después analizar un poco algunas situaciones, tanto absurdas como realmente problemáticas, desencadenadas por la libre interpretación de este término.
Para mí la libertad de expresión es básicamente poner en práctica el término, es decir, tener libertad para poder expresarte. Algo muy simple y básico, pero con ciertos matices. Por ejemplo, esta libertad tiene ciertos límites, como la agresión física hacia otra persona, con el argumento de que “te estás expresando”. Creo que hasta aquí todo el mundo lo tiene claro, y la mayor parte de la gente coincide conmigo. El problema se plantea cuando utilizamos la frase “tu libertad termina donde empieza la de los demás”. Lo que queremos decir con eso es que eres libre de expresarte, pero no si ofendes en cierto modo al resto de personas. Y es aquí donde comienzan los problemas. Si bien hay personas que se ofenden por cosas razonables como agresiones directas tanto físicas como verbales, discriminaciones serias por sexo, raza u otros motivos, etcétera, hay otras que en cambio aprovechan la controversia que existe sobre la libertad de expresión, para quejarse de cosas que, objetivamente son absurdas.
Llegamos entonces a un punto en el que la libertad de expresión está tan delimitada que prácticamente no existe. Y esto lo que supone es una involución, es decir, volver hacia atrás en lo que a derechos y libertades se refiere, porque costó sangre, sudor y lágrimas tener esta libertad de expresión, tan dañada hoy día. No podemos tomarnos la justicia por nuestra mano y decidir individualmente qué está bien y qué mal, porque esto sería el caos. Lo que sí podemos hacer es partir de una base, en la que la libertad de expresión sea real e igual para todo el mundo. Porque algo que tampoco podemos tolerar es que un político, o una representación de la bandera, tengan más dignidad judicial que las propias personas, por el simple hecho de lo que “representan”.
Dicho todo esto, solo me queda llegar a una serie de conclusiones. Si no podemos controlar absolutamente todo lo que se hace bajo esa libertad de expresión, y tampoco podemos eliminar la propia libertad que tanto sacrificio costó conseguir, ¿qué hacemos? Bueno, yo propongo que cada quién siga con su vida, y que se respete la libertad de expresión de todo el mundo, en cualquier ámbito legal. Es decir, una persona, nos guste o no, es libre de expresarse, incluso si haciéndolo nos está insultando, pero es libre de ejercer su derecho a expresarse, aunque sepa que lo que está haciendo está mal. Con esto no defiendo la violencia, ni los insultos, ni la discriminación de ningún tipo, obviamente hay que ser consciente de que una expresión de ese tipo está mal. Lo único que digo es que no podemos censurar absolutamente todo lo que no nos guste, y que la gente tiene una libertad que nadie le puede quitar.
Quizá no estéis de acuerdo conmigo llegando a esta conclusión, pero solo estoy ejerciendo mi derecho a expresarme y que veáis mi punto de vista. Tampoco espero que penséis igual que yo. Simplemente que entendáis que la libertad está por encima de nuestras diferencias, y que no debemos echar a perder un derecho tan esencial solamente por un montón de disputas absurdas. Espero que os haya hecho reflexionar, siempre desde el respeto.


jueves, 25 de octubre de 2018

Amordazada

Buenos días queridas lectoras y lectores. Hoy desgraciadamente, voy a hablar de un tema triste, algo que, a mí, y a cualquier persona con corazón y sentimientos le reconcome el alma. El pasado 23 de octubre murieron asesinadas tres mujeres por violencia de género. Con ellas la cifra asciende, si no me equivoco, a 44 mujeres asesinadas en lo que va de año. Si las sumamos al total de mujeres asesinadas desde el año 2003 en España, los resultados son aterradores, pues casi mil mujeres han muerto en los últimos 16 años por culpa de un machismo abrumador que por desgracia no cesa. A estas cifras habría que sumarle también los asesinatos de niños y niñas, mayoritariamente hijos de las víctimas, que a nuestro pesar sufrieron directamente el mismo maltrato que sus madres. Del mismo modo que no podemos olvidar la cantidad de criaturas inocentes que quedaron huérfanas como consecuencia de esos actos tan atroces.  Por eso, tampoco podemos olvidar a todas aquellas mujeres que, a pesar de seguir vivas, sufren cada día una violencia que no merecen, viven con verdadero miedo, y muchas de ellas no se atreven a denunciar, pues temen que pueda ocurrirles algo peor si lo hacen.

A continuación, publicaré un breve relato que escribí hace un tiempo, y que titulé “amordazada”, reflejando esa impotencia que sufren miles de mujeres víctimas de este tipo de violencia. Para concienciar más aún a todo el mundo sobre el fuerte impacto negativo que causa el machismo en nuestra sociedad, para luchar contra esta lacra que impide a las mujeres ser libres, y para recordar a las que por desgracia lo han olvidado, que no están solas, nunca más lo van a estar. Un pequeño recuerdo a todas esas mujeres que me demostraron la inmensa fuerza que poseen, y les ayuda a luchar para hacer de este mundo un lugar en el que la libertad y la liberación de las mujeres no sea una utopía, sino una realidad.

“Una niña de seis años llama tímidamente a la puerta del baño. Abre la puerta una mujer, joven, con el rostro amoratado. Su madre tampoco sonríe hoy.
En la cocina un hombre hambriento grita. Nada nuevo al parecer, pues la pequeña ni se inmuta ante semejantes quejas, debe estar acostumbrada. La mujer cocina entre sollozos, nada se oye ahora en la casa, solo un triste televisor en el que parece estar inmerso aquel hombre hambriento.
Empiezan a comer, sin dirigirse la palabra. La niña mira a su madre, preocupada, le tiembla el pulso y apenas prueba bocado. Sus ojos reflejan la tristeza de una niñez ennegrecida, de haber visto cosas tan terribles que no podría ni describir. Los ojos de la mujer reflejaban, más allá de los golpes, el verdadero miedo. Temor por seguir viviendo, temor por despertar cada mañana, pues era al abrir los ojos cuando comenzaba su peor pesadilla.
Llegan las cuatro de la tarde y el hombre se va, dando un portazo. A trabajar, al bar, tal vez ambas cosas, eso no importa. Lo importante es que se ha ido, unas horas, las que aprovechan ellas para respirar, aun sabiendo que más tarde la pesadilla continuará.
Cuidadosamente se maquilla la cara, y los brazos, y desaparecen a la vista las múltiples contusiones. Estaba claro que no era la primera vez que disimulaba los golpes. Arregló un poco a su hija y juntas bajaron a la calle.
Al salir se quedó un instante pensativa, mirando hacia la acera de enfrente, donde se hallaba la comisaría. A penas unos metros la separan del lugar, para ella, un abismo.”
Abel Vergara

miércoles, 10 de octubre de 2018

La universidad


Buenos días queridas lectoras y lectores. Hoy voy a hablar de un tema que tenía pendiente desde hace mucho tiempo. Aunque parezca bastante obvio por el título, podría enfocar el tema desde infinidad de perspectivas, pero no voy a hablar de universidad como institución en sí, más bien cómo ha sido mi comienzo en ella, lo que me esperaba, lo que me he encontrado, y lo que he aprendido y me queda por aprender.
Como la mayoría sabréis, hace poco más de un año me mudé a otra ciudad. A penas conocía a nadie, y aunque estaba emocionado y entusiasmado por empezar una nueva vida, me aterraba la idea de tener que conocer gente nueva, de ir a clase en un sitio donde todo el mundo era desconocido para mí. Aunque actualmente he mejorado mucho mis destrezas sociales y relaciones interpersonales, en aquel momento no se me daba nada bien hacer amigos, era un manojo de inseguridades y tenía un gran problema con la aceptación social. Pero al fin llegó, el primer día de clase. Me vi solo entre la multitud, en una presentación que se me hizo eterna, pues estaba más pendiente de que mis nervios no saliesen gritando de mis intestinos.
Al finalizar la presentación nos dividieron en grupos según el grado en el que estuviésemos matriculados. Al oír “Relaciones Laborales y Recursos Humanos por aquí, por favor”, me dio un vuelco el corazón. Era la hora de conocer a mis compañeras y compañeros de clase. Millones de dudas me asaltaron en apenas un instante, “¿Cuántas personas habrá? ¿Serán agradables? ¿Se conocerán de antes? ¿Me dirán algo o tendré que echarle valor y hablar yo primero?”. A penas pasó un segundo hasta que me uní al grupo. Para mi sorpresa, casi no llegábamos a ser diez personas. Eso me tranquilizó un poco. A pesar de estar más tranquilo, y hablar un poco con la gente, los nervios no se me quitaron hasta llegar a casa. Al día siguiente comenzamos las clases, y al ser tan pocas personas, nos resultó más fácil y rápido hacer migas y conocernos mejor. En tan solo unos días, empecé a entablar relaciones de confianza con la mayoría. Sin duda había empezado con buen pie la universidad.
A parte del tema de hacer amistades y conocer gente nueva, también me preocupaban las clases, pues no sabía cómo serían, y si me resultaría más complicado superarlas que en el instituto. Para mi sorpresa, las clases y el modo de organización de las mismas a la hora de estudiar, no me resultaron en absoluto complejas. De hecho, me resultó más sencillo superar mi primer año de universidad que el último año de bachillerato, supongo que por la presión a la que nos sometían en el instituto con la selectividad. De modo que, si tenemos que hacer un balance de lo que ha significado este cambio, el resultado es bastante positivo. He conocido personas maravillosas, estoy haciendo una carrera que me gusta y me apasiona, vivo tranquilo y feliz en una ciudad nueva, y me esfuerzo más por conseguir mis objetivos, tanto académicos como personales. Sé que cada año tendré más dificultades, que me exigirán más a la hora de estudiar, pero estoy preparado para hacer frente a todo con fuerza y energía, y que me esforzaré por conseguir aquello por lo que tanto lucho.