miércoles, 26 de septiembre de 2018

Youtube


Buenos días queridas lectoras y lectores. Hoy vengo a hablaros de un tema actual e interesante. Supongo que todo el mundo conoce ya la plataforma de Youtube, donde puedes encontrar millones de vídeos de todo tipo. Por eso vengo a hacer algo tan simple como recomendaros una serie de canales de Youtube de diversos temas que sigo desde hace tiempo.
-JavierRuescas: Para quienes no le conozcan, Javier Ruescas es un famoso escritor y booktuber español, y el contenido de su canal está enfocado principalmente a la lectura. En sus vídeos recomienda libros para todo el mundo, hace reseñas de algunos de ellos, compara libros y personajes de distintas sagas… Si te gusta la lectura, sobre todo juvenil, fantástica y de ciencia ficción, te encantará este canal.
-KintsMer: Este canal es de una amiga del pueblo que se llama María. En él podéis encontrar vídeos principalmente de moda, que es el tema al que va enfocado, aunque también tiene algunos vídeos sobre veganismo, lifestyle y contenido más diverso. Si os llama la atención alguno de estos temas, desde luego os encantarán sus vídeos.
-Keunam: Es humorista, cantante, actor, youtuber… Desde luego un hombre muy polifacético, que ha volcado gran parte de su trabajo en este canal, donde podéis encontrar parodias de múltiples películas Disney, entre otras, versiones de canciones… Sin duda un canal de entretenimiento muy bueno y con mucho talento.  
-Luce-tby Irene: En este canal Irene habla sobre feminismo, temas LGTB, psicología y autoestima, entre otras cosas. Es un canal poco conocido, pero muy bueno para entender muchas cosas sobre todo de feminismo. Os recomiendo echarle un vistazo, no os arrepentiréis.
-Trencadís: Este canal, formado por un grupo de amigos y amigas, tiene un contenido un poco variado, enfocado al entretenimiento. Hablan de diversos temas desde el punto de vista personal, sus vidas, el mundo LGTB… Si lo que buscáis es pasar un buen rato y reíros un poco, tenéis que pasaros por aquí.
-Tigrillo: Este fantástico chico ha basado su canal principalmente en el activismo LGTB. Aquí podéis encontrar mucha información sobre el colectivo, vídeos informativos, de análisis y opinión acerca de muchos aspectos que rodean a las personas LGTB en la sociedad de hoy día. Sin duda un canal 10.
-CostantinoCarrara Music: Si os gusta la música, y el piano, tenéis que pasaros obligatoriamente por este canal. Este pianista sube vídeos versionando todo tipo de canciones al piano. Realmente un regalo para muchos oídos.
-MaríaBandera: Este canal recién salido del horno es un canal secundario de Kints Mer, donde habla de temas más personales, su día a día, anécdotas… Una forma de acercarse a ella a través de sus vídeos y conocerla un poco mejor.
-Herrejón: Tal vez la conozcáis por sus redes sociales, sobre todo Instagram. Esta chica, en mi opinión, tiene un don para hacerme reír. Su canal es puro entretenimiento y opiniones de todo tipo, donde podéis encontrar vídeos muy interesantes y divertidos en los que habla de infinidad de temas.
Y hasta aquí mis recomendaciones. Hay muchos más canales que me gustaría mencionar, pero entonces no acabaría nunca. He hecho una breve selección donde se concentran pocos, pero muy diversos que tratan de cosas distintas. Espero que os haya gustado y servido de ayuda para entreteneros con algunos vídeos.


domingo, 22 de julio de 2018

Quién soy 9: Conmigo hasta el final

1 de enero de 2018, la felicidad me abrazaba como una vieja amiga a la que hacía mucho tiempo que no veía. Un gran comienzo de año, rodeado de quienes más me querían. Este iba a ser mi año, todo iba  a cambiar. Tal era mi estado de euforia, que no supe ver lo que se avecinaba. Me gustaría decir que mis demonios internos ansiaban volver, pero no era así, nunca se habían ido. Despertaron en mi una sensación terriblemente familiar, que me llevaría a adentrarme en la estrecha línea que separa la vida de la muerte, por última vez. 
Durante el mes de enero tuve mis primeros exámenes en la universidad, algo que tampoco me preocupaba demasiado. Pero esa misma semana me llamaron del hospital, tenían que operarme de algo sin importancia. Así que eso hice, no le di mucha importancia. Desgraciadamente los meses posteriores a la operación no fueron muy fáciles de llevar. Tenía que depender de los demás para muchas cosas, y a penas podía hacer cosas por mi cuenta. Teniendo en cuenta que me considero una persona bastante independiente y que no me gusta que la gente se tenga que molestar demasiado en ayudarme, aquello me hizo sentir un poco inútil. Esa sensación de no poder hacer nada por tu cuenta, incluso sabiendo que no era culpa mía, en cierto modo me entristecía. 
Llegó febrero, mi mes favorito, y con él mi cumpleaños. Una fecha a la que le doy demasiada importancia, y más aún desde el anterior once de febrero. Uno de los meses más fríos del año que trajo consigo unas nubes ennegrecidas, posándose sobre mi ya enferma cabeza. Una sensación nada comparable con aquella añorada felicidad de comienzos de año. A la situación complicada que estaba viviendo se le sumaron aún más problemas, que estallaron como si de fuegos artificiales se tratase, y no fui capaz de controlar. Aunque me encontré con un dilema mayor, que me costó tiempo asimilar. Llevaba meses viviendo fuera, en una ciudad lejos de mi familia. Y aunque volviese al pueblo en vacaciones, en el fondo no sentía nada por volver, sabía que no era feliz, y era incapaz de expresar ese sentimiento, en parte de culpa, por no querer regresar a casa.
Durante las semanas posteriores a mi cumpleaños lo pasé realmente mal, pero en silencio. La depresión me estaba consumiendo cada día más, y no veía ningún cartel de salida. De modo que un día, ya bien entrado el mes de marzo, no pude más y decidí crear mi propio cartel de huida, sabiendo que una vez lo utilizase no podría volver. Me hallaba entonces de nuevo en medio de aquella maldita línea, a punto de cruzarla. Pero sin saber cómo, algo me impedía hacerlo. Sin duda estaba muy decidido, pero algo en mi interior quería salir, y era más fuerte que todo aquello. Un diminuto atisbo de esperanza me empujaba a evitar que hiciese algo que mi cabeza me ordenaba. Finalmente comprendí que no debía cruzar la línea, no así.
Pasaban las semanas y mi estado mental no mejoraba. Hastiado, disgustado y sin saber qué me pasaba exactamente, hice algo que agradezco enormemente haber hecho. Después de meses, años, di el gran paso, y a principios del mes de mayo contacté con una psicóloga. Tenía un dinero ahorrado para cuando lo necesitase, y aquel fue el momento perfecto. Invertir ese poco dinero en intentar sanar una enfermedad tan peligrosa e inestable, ha sido una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. A día de hoy, y después de unas cuantas semanas de terapia, no puedo decir que haya sanado del todo, pues eso lleva su tiempo, pero sí he mejorado y avanzado mucho, y es algo de lo que me siento realmente orgulloso. 
Finalmente, y después de trece duros meses escribiendo y recordando, he conseguido redactar mi historia. No ha sido nada fácil, he tenido que rememorar momentos muy duros de mi corta vida, enfrentarme a mis propios demonios, y lidiar con cosas que ahora simplemente se convertirán en recuerdos de un pasado tormentoso. Tal vez algunas personas piensen que es una locura haber contado todo esto. Al contrario. Haber plasmado todos estos años de depresión por escrito me ha fortalecido aún más, y me ha ayudado a superar en cierto modo una situación que desgraciadamente sufren miles de personas cada día. Por eso creo que en este tipo de circunstancias es fundamental no callarse, expresarse, e intentar sacar fuerzas de donde no las hay. Porque siempre hay un faro para cada barco extraviado, aunque muchas veces no seamos capaces de ver esa luz. 
Gracias a todas aquellas personas que han permanecido a mi lado, han sabido comprenderme en este duro viaje, y han creído siempre en mi. Pero sobretodo gracias a la esperanza y la fuerza, que siempre estarán conmigo hasta el final. 


jueves, 10 de mayo de 2018

Quién soy 8: Carta a mi 2017

Doce meses, trescientos sesenta y cinco días, otro sueño fracasado y un giro de ciento ochenta grados. Parece un año cualquiera, pero no es así, nada más lejos de la realidad. Recuerdo enero vagamente, y no demasiado bien. Empecé el año con mala pata, del mismo modo que terminé el anterior, con ganas de morirme y sin saber qué hacer con mi patética vida. Parece una broma pesada, pero desgraciadamente ese sentimiento estaba bien arraigado en mi interior. Aunque no fue hasta seis meses después cuando estuve a punto de estallar. Febrero fue un mes que me gustaría olvidar. Ya es duro y doloroso que se muera un familiar tuyo, pero si encima se muere el mismo día de tu cumpleaños, no sabes qué sentir. Yo no lo hablé con nadie por miedo, pero sentía culpa, me sentía culpable porque aquello me afectase de aquella manera. Miserable porque sucediese justo ese día, y me odié y odio a mi mismo por no haber hecho nada, por no ser capaz de reaccionar ante aquella situación. Sé que nadie es capaz de hacer nada contra la muerte, pero me sigo dando asco a mí mismo por aquello.
No recuerdo bien marzo y abril, pero seguramente estaría agobiado por aprobar los exámenes, estresado porque estaba a punto de terminar el último curso de instituto, y sin la menor idea de lo que haría después. Sé que en mayo fui feliz, tal vez demasiado inocente, pero recuerdo un Abel sonriente, contento, y que no le temía a nada. Lamentablemente esa sensación no duró mucho tiempo, pero no fue la única del año.
Por fin llegó junio, y finalicé una etapa que llevaba años queriendo cerrar. Le dije adiós al instituto, esta vez fue la definitiva. No mentiré si digo que en cierto modo me daba pena, pero era más fuerte la sensación de alivio por marcharme por fin de aquel lugar que tantas veces me vio sufrir. En aquel momento sí que empecé a tener miedo a lo desconocido, a una nueva etapa que empezaría solo, lejos de aquel lugar, y de mi pasado.
Llegamos a julio, el mes en el que me llevé una de las palizas emocionales más fuertes, no solo de este año, sino de toda mi vida. Pero en cierto modo me sirvió para madurar, y aprender un poco más sobre lo cruel que puede ser la vida, y algunas personas. Decidí realizar un viaje con unas amigas, a otra ciudad. Unos seiscientos kilómetros me separaban de mi casa. Todo bien, hasta que fuimos a una fiesta. Me empecé a sentir muy mal porque ciertas personas no paraban de hacer comentarios despectivos sobre alguien importante para mí. Me emborraché, estallé, me puse a llorar como nunca y desahogarme. Conté cosas horribles sobre mi persona, de años atrás. También que me odiaba a mí mismo, y creía que todo lo malo que me había pasado en la vida era porque realmente lo merecía. Esa misma noche, estuve a punto de quitarme la vida, otra vez. Al día siguiente la amiga de esa ciudad, que era la que nos había acogido en su casa, digamos que me invitó a que me fuese de allí. Me vi solo, en una ciudad grande y muy lejos de casa. Por suerte, un amigo que vivía cerca me acogió y cuidó, a día de hoy sigo sin saber cómo agradecerle tanto. Pasé aquellos tres días que me quedaban para volver asustado, anonadado. No tenía ganas de comer, ni de nada. De no ser por este amigo no sé lo que habría hecho, nada bueno seguramente. 
Agosto fue algo memorable. Mi grupo de amigos y amigas me ayudaron a olvidar aquel calvario del mes anterior. Fiesta tras fiesta, risas, días enteros fuera de casa, disfrutando, sin agobios, sin pensar, simplemente disfrutando de la buena compañía, de la buena amistad. Sin duda este mes se convirtió en uno de mis favoritos gracias a esas personas. 
A penas empieza septiembre, y ya me mudé oficialmente. Otra ciudad, otra etapa que empezar, y un miedo horroroso por esa incertidumbre de quien no sabe lo que le deparará el futuro. Empezar a vivir con tu pareja, día a día, y el inicio de la universidad. Realmente me asustaba por nada, pues el destino tenía un regalo muy especial para mí. 
Octubre me enseñó que a veces la vida te sonríe, y debes aprovechar la oportunidad. Me tocaron unas compañeras de clase estupendas, que inexplicablemente saben sacar lo mejor de mí. Empecé a sonreír más, hablar más y socializar más de lo que pensé que podría. Creo que era un avance muy importante de mi personalidad, el hecho de ser capaz de abrirme a la gente, perder un poco la vergüenza y ser yo mismo de verdad. Y este cambio fue en gran parte gracias a mi pareja, un gran apoyo en vida diaria, y a mis compañeras de facultad, que me han ayudado mucho. 
Noviembre fue similar a octubre, aunque con más noticias buenas. Por fin me empezaba a gustar realmente lo que estaba estudiando, al menos de momento. Creo que es una de las cosas más importantes para un estudiante, que le guste lo que hace. Empecé a echar de menos a mis seres queridos, a quienes ya a penas veía. Y, a pesar de tener algún bajón repentino, descubrí que una vez más se abrió una ventana por la que entraba un pequeño haz de luz, felicidad y bienestar, y sentía que tenía que aprovecharlo. Que hacía mucho tiempo que no estaba tan a gusto conmigo mismo, y me quería de verdad.
Diciembre llegó casi sin avisar, como una suave brisa que se levanta de repente un día soleado. La emoción de volver a casa, volver a ver a personas que no veía desde hacía meses, y revivir momento como los de agosto. Intenté por todos los medios acabar bien el año, quedándome con lo bueno, lo que realmente importa, y con la esperanza de que el año próximo siguiese así de bien. Pero como descubrí más tarde no fue así, en absoluto. Una vez más mis demonios regresaron con intención de quedarse.

viernes, 20 de abril de 2018

Quién soy 7: Sorpresas

Comienzo el año con la misma ilusión con la que lo acabé, apenas ninguna. Me había alejado de mis amigos, y me sentía mal conmigo mismo, para qué variar. Pero poco a poco iba mejorando, y notaba que las ganas atroces que tenía de acabar con mi vida disminuían con el paso del tiempo. La primera sorpresa que me llevé ese año fue en carnaval, coincidiendo cerca de la fecha de mi cumpleaños. Mi amiga Mel vino a visitarme desde Albacete, para pasar unos días conmigo. Me hizo mucha ilusión esa visita, además teniendo en cuenta que es una de las personas especiales que comencé a conocer aquel doce de octubre de 2014. También tengo que decir, que es uno de los cumpleaños más felices que recuerdo, pues por fin estaba a gusto con mi familia y mis amigas. No faltaron las burlas sobre cumplir 18 años e ir a la cárcel, y aunque fuese el chiste más viejo y malo del mundo, por alguna extraña razón a mi me hacía gracia. 
De repente comenzó marzo, y ocurrió algo por lo que a día de hoy sigo dando las gracias. Llevaba unas semanas hablando con un chico al que aún no conocía en persona. Me moría de ganas por conocerle, así que un día me armé de valor y le dije que si nos podíamos ver en persona. Él era de Segovia y yo de León, de modo que quedamos en un punto intermedio, Valladolid. Yo estaba hecho un manojo de nervios, y aunque en aquel momento no lo supiera, el 6 de marzo conocería a alguien que se convertiría en una de las personas más importantes de mi vida. Titubeando, y ansioso por saber su respuesta, le hice la pregunta, la gran pregunta. A lo que él me respondió sí, que quería salir conmigo. Y así fue como empezó nuestra historia.
Los meses siguientes fueron un poco raros. A mi manojo de dudas respecto a mi bienestar se le sumaba el hecho de que estaba comenzando una relación a distancia con alguien a quien veía poco y que además tenía 15 años más que yo. Afortunadamente mi madre y mi padre dieron el visto bueno a la relación, no sin antes conocerle. A pesar de la distancia y de mi situación, la relación avanzaba, y con ella mis ganas de ser feliz. Desgraciadamente no todo dependía de estar bien en pareja, y hay cosas que por mucho que se quiera, no pueden evitarse.
A este año se le suma otra sorpresa más, una que llevaba años ansiando. A finales del mes de mayo pude asistir al concierto de Coldplay que se celebró en Barcelona. Como bien sabrá cualquier persona que me conozca, es mi banda de música favorita, y sus canciones me han acompañado en muchos momentos clave de mi vida. Si tengo que dar las gracias por algo más, es a ellos por haber hecho de su música una inspiración para mí, un modelo de vida con canciones que me marcarán para siempre. Dos horas de música en directo que disfruté como si fuese el mayor regalo que alguien pudiese hacerme. Sin duda fue una motivación enorme para mi autoestima asistir a aquel concierto.
Aquel verano es uno de los pocos que recuerdo bien. Quizá no fuese tan feliz como el anterior, pero no fue un mal verano. Parecía que esta vez iba en serio, que las cosas cambiaban a mejor. Tales eran mis ilusiones que en octubre grabé un vídeo hablando de la depresión, y de cómo pude superarla. Siento comunicarle a todo el mundo que aquello era mentira. A pesar de haber ayudado a algunas personas con aquel vídeo, la idea de que por fin había superado la depresión era totalmente falsa. Si es verdad que mi autoestima había mejorado, pero no así superando aquella enfermedad que me seguiría atormentando posteriormente. Acabé el año con altibajos, pero bien, contento, y aparentemente feliz. Iluso y ensimismado pensé que aquello podría ser real, que podría ser feliz de verdad. Pero el año 2017 me hizo replantearme muchas cosas, y no todas por primera vez, como llegó a ser mi propia vida.

viernes, 2 de marzo de 2018

Quién soy 6: Promesas

Comienza el año 2015, una espesa capa de nieve cubre las calles. Poco más recuerdo de aquel frío invierno, demasiada nieve, manchada con mi sangre por última vez. Mi madre había descubierto las marcas de mis brazos, y asustada quiso saber por qué llegué tan lejos, el motivo que me llevó a hacerme tanto daño. No supe explicarlo, simplemente me quedé blanco, odiando mi ser una vez más por haber conseguido dañar a mi madre cuando lo único que quería era hacerme daño a mi mismo. Pero llegó el día, 14 de enero. Estuve hablando largo y tendido con una amiga, explicándole todo. Me hizo prometer que jamás volvería a hacerlo, que no volvería a cortarme y llenarme de sangre. La gente que me conoce bien sabe cómo soy con las promesas, hago muy pocas porque siento que pase lo que pase debo cumplirlas. Aquella fue una de ellas, y a día de hoy no puedo estar más agradecido por haber prometido algo. Así que esa misma tarde salí de casa, con la cuchilla que utilizaba para autolesionarme. Di un largo paseo por la nieve, y en un lugar apartado del pueblo, me deshice de aquel objeto que había hecho aquellas horribles marcas en mi piel. Di media vuelta, y no volví la vista atrás ni una sola vez.
Poco recuerdo de aquella primavera. Los recuerdos se mezclan y es difícil tener en mente un momento concreto. Ese año yo estaba cursando primero de bachillerato, por primera vez. No estaba a gusto en el instituto. Me sentía mal, fuera de lugar, y las ganas de largarme de allí para siempre aumentaban cada día más. Pero no podía hacerle eso a mi familia, bastantes problemas causa ya el hecho de tener a alguien emocionalmente inestable en casa. Aunque no culpo a nadie, pues si mi familia hubiese sabido en aquel momento cómo estaba realmente, habría vuelto a ver a la psicóloga, o me habría mudado por mi propio bien. No, apenas sabían una pequeña parte de todo lo que me sucedía, de cómo estaba realmente. Así que después de darle muchas vueltas encontré una solución. Quería repetir curso, a propósito. A mi madre no le hizo mucha gracia la idea, pero yo sé que en el fondo ella sabía que era lo mejor para mi. Quiero recalcar que mis compañeros de clase de entonces no tienen culpa de que tomase aquella decisión, simplemente me encontraba en un lugar en el que creía no encajar bien y no me sentía muy cómodo. Nunca quise culpar a nadie de una batalla que, a fin de cuentas, se libraba en mi cabeza.
Llegó el verano por fin, y mis notas eran las esperadas, la mayoría suspensos que no tenía en mente recuperar, seguía con mi idea de repetir curso. Aquel verano, no voy a mentir, fue uno de los mejore que recuerdo. Hice un nuevo grupo de amigos y amigas gracias a Almudena. La verdad es que no se lo decía mucho, pero junto con Irene, fue un gran apoyo para mi todos aquellos meses. Curiosamente en ese grupo de amigos, se encontraba un chico con el que me llevaba especialmente bien. Hablábamos mucho y nos gustaba pasar tiempo juntos. Ese verano empezamos a salir. Estaba entusiasmado, y muy nervioso, pues era la primera vez que salía con un chico, además teniendo en cuenta que apenas hacía un año que había salido del armario. Y como todos los amores de verano, fue algo tan fugaz como intenso. Llegó septiembre y él tuvo que regresar a casa, lejos, pero eso no impidió que siguiésemos juntos. Lamentablemente en el mes de octubre rompimos, y aunque en aquel momento no me diese cuenta, le dolió tanto a él como a mi. Afortunadamente a día de hoy seguimos siendo amigos.
Nos adentramos por fin en otoño. El 12 de octubre de ese año un grupo de amigos y amigas en el que yo estaba, cumplía un año. Para mucha gente era una tontería, personas con los mismos gustos y aficiones que tú que has conocido a través de un grupo de whatsapp. Yo les sigo considerando mi familia, porque gracias a ese grupo soy el Abel que soy ahora. También tengo que destacar que mejoré mucho mi estancia en el instituto. Al repetir curso me tocaba ir a clase con mi hermana, pero no era algo que me preocupase, sino todo lo contrario. También estaba en esa clase mi amiga Mónica, con la que estreché aún más lazos y consiguió que esos meses tan turbulentos se me hiciesen más llevaderos. Estaba a punto de acabar el año, y todavía no tenía ni idea de las sorpresas que me depararía el 2016.


viernes, 29 de diciembre de 2017

Quién soy 5: Cicatrices

Me temo que llegó lo inevitable. Llevo casi dos meses sin escribir, porque no sabía cómo redactar uno de los peores años de mi vida, pero por fin he reunido todo el valor necesario para contarlo.
Empieza el año 2014, un año que ojalá jamás hubiese existido. Pero bueno, también me sirve para madurar y no volver a repetir nunca cosas que inexplicablemente hice durante este año. A pesar de todo lo que pasó, que no fue poco, el mejor resumen que podría hacer es el propio título de este quinto capítulo, cicatrices.
Este año me regalaron mi primer smartphone por mi decimosexto cumpleaños. Parece un dato muy irrelevante, pero no lo es. Poco después me creé una cuenta de cada una de mis redes sociales actuales. Empecé a conocer gente, y a relacionarme con personas interesantes que, encerrado en un pueblo alejado de todo, no podía conocer personalmente. No sé si sabéis el infierno que resulta ser el único adolescente homosexual "fuera del armario" en el entorno que vives. Necesitaba encontrar gente como yo, que me entendiese de verdad, y qué mejor forma de hacerlo que a través de las redes sociales. A pesar de lo mal que lo pasé, y lo perdido que estaba, aún conservo amistades que hice ese mismo año. Es difícil recordar cosas que hace más de tres años que sucedieron, e ignoro si aquel año fui feliz algún momento. Me viene a la cabeza una imagen mía, en febrero o marzo, llorando en la calle, con la nieve cayendo sobre mí, sobre mis inevitables ganas de estar muerto. Creo que este año perdí por completo la inocencia, me di de bruces contra la cruda realidad. Hubo gente que quiso hacerme abrir los ojos, y yo como adolescente inmaduro que era, me negaba a asumirlo.
También fue el año en que perdí la virginidad, pero nunca lo dije. Lo normal era que los hijos se lo contaran a su padre, y las hijas a su madre, a un referente que pudiese entenderles y ayudarles. Pero, ¿a mí qué me quedaba? El miedo de no tener a nadie que pudiese entenderme, de que nadie supiese explicarme nada sobre ese tema concreto. Ningún amigo, ningún adulto a quien poderle hacer preguntas respecto a un tema que incluso me daba vergüenza mencionar. No fue algo de lo que me sintiese muy orgulloso, al menos por un tiempo. Ahora pienso en ello y sinceramente, no me disgusta demasiado lo que ocurrió. Quizá por eso confié demasiado en las personas equivocadas, haciéndome vagas ilusiones de que por fin sería importante para alguien. Un error más que colecciono como recordatorio para poder aprender más sobre mí mismo.
Ese verano fui tres semanas a casa de una gran amiga, con quien tengo mucha complicidad y a quien aprecio mucho. Desgraciadamente las dos últimas semanas con ella fueron horribles, pues me puse muy enfermo. Fui de hospital en hospital sin saber qué me pasaba, hasta que por fin me diagnosticaron mononucleosis. Recuerdo muy bien las palabras del médico "Unos días más y podrías haber muerto". Lo peor fue lo que pensé en aquel momento, que ojalá hubiesen pasado esos días, y hubiese muerto de forma natural. La depresión estaba haciendo estragos en mi cabeza. El resto del verano fue muy tranquilo, me mandaron reposo y a penas hice gran cosa. Pero llegó el otoño, y las hojas que vagamente caían de los árboles, fueron manchadas con mi sangre.
Recuerdo largos paseos escuchando música, caminando a ninguna parte, pasando frío, lo que fuese con tal de estar solo. Lo peor fue, cuando un día lleno de furia, conseguí hacerme con una cuchilla. Lo siento mucho por la gente sensible que esté leyendo esto, pero necesito contarlo para intentar superarlo. Me agarré del brazo y, me corté. No dolió, no sufrí, simplemente me senté a llorar mientras la sangre recorría mi brazo, con un escozor que no me importaba soportar. Estaba enfadado conmigo mismo por haber hecho aquello, destrozado por tener que aguantar cosas que llevaba meses intentando evitar. Empecé el primer curso de bachillerato, y me sentía peor que nunca en el instituto. En parte por culpa de la depresión, y también, para mi desgracia, culpa de dos personas que no mencionaré. Tal vez su intención no era causarme tanto daño, pero yo era demasiado sensible como para querer soportarlo.
Recuerdo tener que ir a pasear a la perra de mi tía, que estaba enferma en el hospital, y aprovechar esos paseos para seguir haciéndome daño, expulsar sangre envenenada con una enfermedad mental que no era capaz de controlar. Ver a una perra que pensé que me tenía manía, intentando lamerme unas heridas que yo mismo me había hecho. Aquello me conmovió y me hizo odiarme un poco más a mi mismo por hacer algo que se me iba de las manos. Aunque la peor parte llegó el martes 16 de diciembre. Salí llorando del instituto, como muchos otros días, llegué a casa lleno de furia y, sin darme cuenta, me hice un corte más profundo de lo normal. Creí que me desangraba. Manché la ropa de sangre, y lo escondí todo para que no lo viesen mis padres. Entonces me di cuenta de que había ido demasiado lejos, y tenía que tomar una decisión. Dejar de hacerme tanto daño, o hacerlo de verdad y acabar por fin con mi vida. 

jueves, 19 de octubre de 2017

Quién soy 4: La depresión

Junio de 2013, comienza un verano inolvidable, aunque desgraciadamente no para bien. Entre el 27 de junio y el 11 de julio, mi prima Iris y yo estuvimos de vacaciones en Inglaterra. Nos lo pasamos bien juntos, aunque yo a veces estuviese triste o decaído. Solía decir que era porque se me hacía extraño estar tan lejos de casa. Ojalá fuese cierto aquello, pues la realidad era totalmente distinta. No negaré que disfruté del viaje, pues así fue, pero podría haber sido mucho mejor de haber viajado en otras circunstancias, sano, sin aquellos pájaros atormentando cada pensamiento negativo que mi quebrada cabeza intentaba evitar sin éxito. Llegó el día de volver a España, por fin. Como siempre, intenté aparentar normalidad, pero aquella bomba estaba a punto de explotar.
Lo que viene a continuación lo explican mejor las imágenes, de una conversación que tuve con una buena amiga, el día 16 de julio. Quiero recalcar que gracias a su apoyo incondicional durante todos estos años, he logrado superarme a mí mismo poco a poco.



Lo que vino después ya es algo más obvio. Mi madre supo lo mal que estaba y decidió hablar con el médico para que me recomendase un psicólogo. Ese mismo verano comencé la terapia, y mi psicóloga me dijo algo que ya sabía, pero me negaba a admitir, tenía depresión. Las primeras sesiones fueron algo extrañas y un poco duras para mí. Pero gracias a ellas logré superar poco a poco ciertos traumas que me atormentaban. Seguí varios meses acudiendo a la psicóloga, pero como estoy siguiendo un orden cronológico, seguiré contando cosas que pasaron durante ese periodo de tiempo.
En septiembre de ese año comencé el cuarto curso de la ESO. Por lo general fue uno de los mejores comienzos que recuerdo, aunque no era muy difícil mejorar los anteriores. Por fin tenía una amiga en clase, Irene, con quien pasaba todo el día y a quien le contaba mis cosas. Pero las risas duraron poco. Por si no lo he mencionado, llevaba un año colado por un chico. Esto lo sabía muy poca gente, la gente más cercana a la que ya le había dicho que era gay. Pues bien, mes de octubre, a penas unas semanas después de empezar el curso. Ese día no había agua caliente en mi casa, lo recuerdo perfectamente porque fui a casa de prima a ducharme, y no podía parar de llorar. ¿Por qué? Pues a este idiota adolescente no se le ocurrió otra cosa que confesarle al chico que le gustaba precisamente eso, que le gustaba. En fin, imaginad la respuesta de un hetero de 15 años a un chico idiota de 15 años. Sinceramente, la culpa fue mía por no darme cuenta antes de que no tenía que haber dicho nada, aquello claramente no iba a salir bien. Desgraciadamente la cosa no acabó ahí. Al día siguiente había “rumores” por ahí de que yo era homosexual. Estaba harto de que la gente hablase de mi sin tener ni idea, así que decidí salir del armario. Prefería que todo el mundo se enterase de ello por mi, y no por los demás. Así que, para llegar a más gente en poco tiempo, escribí un texto en Facebook, que vio mucha gente. Y para mi sorpresa, había mucha gente que me comprendía y apoyaba. La sensación de liberación que tuve en aquel momento es indescriptible. Sin embargo no todo el mundo pensaba lo mismo. Había gente, afortunadamente poca, que usaban mi condición sexual como una excusa más para insultarme y acosarme. Pero gracias al apoyo de la gente de mi alrededor, y sobretodo de la psicóloga, era capaz de soportar aquel infierno. O al menos, eso quería pensar. Los meses siguientes no variaron mucho, hasta que llegó el año 2014, un año nefasto que, inconscientemente, mancharía de sangre.