miércoles, 21 de noviembre de 2018

Luna

Buenos días queridas lectoras y lectores, hoy voy a escribir una publicación especial, y es que ayer hubiera sido el decimocuarto cumpleaños de alguien muy importante para mí, Luna. Desgraciadamente, el 11 de agosto falleció, dejando en mi corazón, y en el de mi familia, un vacío muy grande. Es por esto por lo que hoy quiero hablar de ella, porque durante los trece largos años que estuvo en la familia, fue muy importante para mí.
Me acuerdo perfectamente del día que llegó a casa. Yo tendría unos siete años, y mi padre traía consigo un cachorro. Era preciosa, una mezcla entre lobo y pastor alemán. Mi hermana y yo estuvimos discutiendo sobre el nombre que le pondríamos, y finalmente mi madre intervino, diciendo que a ella le gustaba Luna. A todos nos pareció un buen nombre para la nueva miembro de la familia. Recuerdo que los primeros años era muy revoltosa y rebelde, siempre cogiendo la ropa o rompiendo alguna zapatilla. Mi padre y mi madre la echaban la bronca, lógicamente, pero a mi hermana y a mí nos costaba más, tenía una cara tan adorable, y era tan cariñosa, que nos era imposible decirle algo malo. Una de las cosas que más gracia me hacía de Luna, era que nunca nos dejaba bañarla, ni si quiera acercarnos a ella con una manguera, pero no había día lluvioso que no saliese a mojarse por cuenta propia. También le gustaba la nieve, y que jugásemos con ella en pleno invierno. Acabábamos empapados y muertos de frío, pero merecía la pena pasar esos ratos tan agradables que hacían que el invierno tuviese sentido. Sin duda, Luna aparece en los mejores momentos que conservo de mi infancia y adolescencia, y ha sido un gran apoyo para mi durante los momentos más duros. Ninguna persona conseguía animarme en aquellos momentos en los que creía que mi vida no tenía sentido, pero ella no era una persona, era la razón de mis escasas sonrisas. Un paseo con ella era suficiente para evadirme de cualquier mal.
Sin embargo, el 11 de agosto de este año pasé por el que considero el peor momento de toda mi vida. Estuvimos con ella hasta el final, y en apenas unos segundos, la luz de sus ojos se apagó. Nadie dijo nada, pues no éramos capaces de gesticular palabra alguna, tan solo se oía nuestro llanto por tan terrible pérdida. Siempre nos han enseñado a superar una pérdida de un ser querido, pero nadie habla nunca de la pérdida de un perro, que también es un ser querido. Nadie te toma en serio, creen que una “mascota” es menos importante que un abuelo. Era una más de la familia, y la queríamos como tal. Por eso nos dolió tanto su pérdida, por eso la recordamos hoy, como cada día, porque trajo a nuestras vidas tanto cariño y tanta felicidad, que nadie puede imaginar lo importante que era para nosotros. Dicen que nadie muere nunca del todo si su recuerdo permanece vivo, y es por eso por lo que, aunque Luna ya no esté tan cerca, jamás se habrá ido del todo. 


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Libertad de expresión 2.0


Buenos días queridas lectoras y lectores. Últimamente estoy muy atareado con cosas relacionadas con los estudios y mi vida personal, así que decidí hacer una encuesta con dos temas interesantes para que fuese la gente que me lee, quien decidiese el tema sobre el que hablaría hoy. Pero no os preocupéis que, aunque haya ganado esta opción, sobre la otra también me gustaría hablar más adelante. La gente que siga mi blog desde hace tiempo sabrá que ya hablé sobre este tema hace poco más de un año, pero he decidido volver a escribir sobre ello, con una opinión más actual, más renovada, pues como dije y reitero mil veces en la publicación de madurar, hay que evolucionar, reinventarse, y esto conlleva muchas veces a un cambio de opinión respecto a muchas cosas a medida que aprendes y vives nuevas situaciones y experiencias. Dicho esto, empecemos. 
Este tema en concreto me llamaba mucho la atención desde hace tiempo, sobre todo por las ridículas situaciones por las que pasa España últimamente. Así que lo que haré será explicar primero lo que es para mí la libertad de expresión (muy subjetiva, por cierto), y después analizar un poco algunas situaciones, tanto absurdas como realmente problemáticas, desencadenadas por la libre interpretación de este término.
Para mí la libertad de expresión es básicamente poner en práctica el término, es decir, tener libertad para poder expresarte. Algo muy simple y básico, pero con ciertos matices. Por ejemplo, esta libertad tiene ciertos límites, como la agresión física hacia otra persona, con el argumento de que “te estás expresando”. Creo que hasta aquí todo el mundo lo tiene claro, y la mayor parte de la gente coincide conmigo. El problema se plantea cuando utilizamos la frase “tu libertad termina donde empieza la de los demás”. Lo que queremos decir con eso es que eres libre de expresarte, pero no si ofendes en cierto modo al resto de personas. Y es aquí donde comienzan los problemas. Si bien hay personas que se ofenden por cosas razonables como agresiones directas tanto físicas como verbales, discriminaciones serias por sexo, raza u otros motivos, etcétera, hay otras que en cambio aprovechan la controversia que existe sobre la libertad de expresión, para quejarse de cosas que, objetivamente son absurdas.
Llegamos entonces a un punto en el que la libertad de expresión está tan delimitada que prácticamente no existe. Y esto lo que supone es una involución, es decir, volver hacia atrás en lo que a derechos y libertades se refiere, porque costó sangre, sudor y lágrimas tener esta libertad de expresión, tan dañada hoy día. No podemos tomarnos la justicia por nuestra mano y decidir individualmente qué está bien y qué mal, porque esto sería el caos. Lo que sí podemos hacer es partir de una base, en la que la libertad de expresión sea real e igual para todo el mundo. Porque algo que tampoco podemos tolerar es que un político, o una representación de la bandera, tengan más dignidad judicial que las propias personas, por el simple hecho de lo que “representan”.
Dicho todo esto, solo me queda llegar a una serie de conclusiones. Si no podemos controlar absolutamente todo lo que se hace bajo esa libertad de expresión, y tampoco podemos eliminar la propia libertad que tanto sacrificio costó conseguir, ¿qué hacemos? Bueno, yo propongo que cada quién siga con su vida, y que se respete la libertad de expresión de todo el mundo, en cualquier ámbito legal. Es decir, una persona, nos guste o no, es libre de expresarse, incluso si haciéndolo nos está insultando, pero es libre de ejercer su derecho a expresarse, aunque sepa que lo que está haciendo está mal. Con esto no defiendo la violencia, ni los insultos, ni la discriminación de ningún tipo, obviamente hay que ser consciente de que una expresión de ese tipo está mal. Lo único que digo es que no podemos censurar absolutamente todo lo que no nos guste, y que la gente tiene una libertad que nadie le puede quitar.
Quizá no estéis de acuerdo conmigo llegando a esta conclusión, pero solo estoy ejerciendo mi derecho a expresarme y que veáis mi punto de vista. Tampoco espero que penséis igual que yo. Simplemente que entendáis que la libertad está por encima de nuestras diferencias, y que no debemos echar a perder un derecho tan esencial solamente por un montón de disputas absurdas. Espero que os haya hecho reflexionar, siempre desde el respeto.


jueves, 25 de octubre de 2018

Amordazada

Buenos días queridas lectoras y lectores. Hoy desgraciadamente, voy a hablar de un tema triste, algo que, a mí, y a cualquier persona con corazón y sentimientos le reconcome el alma. El pasado 23 de octubre murieron asesinadas tres mujeres por violencia de género. Con ellas la cifra asciende, si no me equivoco, a 44 mujeres asesinadas en lo que va de año. Si las sumamos al total de mujeres asesinadas desde el año 2003 en España, los resultados son aterradores, pues casi mil mujeres han muerto en los últimos 16 años por culpa de un machismo abrumador que por desgracia no cesa. A estas cifras habría que sumarle también los asesinatos de niños y niñas, mayoritariamente hijos de las víctimas, que a nuestro pesar sufrieron directamente el mismo maltrato que sus madres. Del mismo modo que no podemos olvidar la cantidad de criaturas inocentes que quedaron huérfanas como consecuencia de esos actos tan atroces.  Por eso, tampoco podemos olvidar a todas aquellas mujeres que, a pesar de seguir vivas, sufren cada día una violencia que no merecen, viven con verdadero miedo, y muchas de ellas no se atreven a denunciar, pues temen que pueda ocurrirles algo peor si lo hacen.

A continuación, publicaré un breve relato que escribí hace un tiempo, y que titulé “amordazada”, reflejando esa impotencia que sufren miles de mujeres víctimas de este tipo de violencia. Para concienciar más aún a todo el mundo sobre el fuerte impacto negativo que causa el machismo en nuestra sociedad, para luchar contra esta lacra que impide a las mujeres ser libres, y para recordar a las que por desgracia lo han olvidado, que no están solas, nunca más lo van a estar. Un pequeño recuerdo a todas esas mujeres que me demostraron la inmensa fuerza que poseen, y les ayuda a luchar para hacer de este mundo un lugar en el que la libertad y la liberación de las mujeres no sea una utopía, sino una realidad.

“Una niña de seis años llama tímidamente a la puerta del baño. Abre la puerta una mujer, joven, con el rostro amoratado. Su madre tampoco sonríe hoy.
En la cocina un hombre hambriento grita. Nada nuevo al parecer, pues la pequeña ni se inmuta ante semejantes quejas, debe estar acostumbrada. La mujer cocina entre sollozos, nada se oye ahora en la casa, solo un triste televisor en el que parece estar inmerso aquel hombre hambriento.
Empiezan a comer, sin dirigirse la palabra. La niña mira a su madre, preocupada, le tiembla el pulso y apenas prueba bocado. Sus ojos reflejan la tristeza de una niñez ennegrecida, de haber visto cosas tan terribles que no podría ni describir. Los ojos de la mujer reflejaban, más allá de los golpes, el verdadero miedo. Temor por seguir viviendo, temor por despertar cada mañana, pues era al abrir los ojos cuando comenzaba su peor pesadilla.
Llegan las cuatro de la tarde y el hombre se va, dando un portazo. A trabajar, al bar, tal vez ambas cosas, eso no importa. Lo importante es que se ha ido, unas horas, las que aprovechan ellas para respirar, aun sabiendo que más tarde la pesadilla continuará.
Cuidadosamente se maquilla la cara, y los brazos, y desaparecen a la vista las múltiples contusiones. Estaba claro que no era la primera vez que disimulaba los golpes. Arregló un poco a su hija y juntas bajaron a la calle.
Al salir se quedó un instante pensativa, mirando hacia la acera de enfrente, donde se hallaba la comisaría. A penas unos metros la separan del lugar, para ella, un abismo.”
Abel Vergara

miércoles, 10 de octubre de 2018

La universidad


Buenos días queridas lectoras y lectores. Hoy voy a hablar de un tema que tenía pendiente desde hace mucho tiempo. Aunque parezca bastante obvio por el título, podría enfocar el tema desde infinidad de perspectivas, pero no voy a hablar de universidad como institución en sí, más bien cómo ha sido mi comienzo en ella, lo que me esperaba, lo que me he encontrado, y lo que he aprendido y me queda por aprender.
Como la mayoría sabréis, hace poco más de un año me mudé a otra ciudad. A penas conocía a nadie, y aunque estaba emocionado y entusiasmado por empezar una nueva vida, me aterraba la idea de tener que conocer gente nueva, de ir a clase en un sitio donde todo el mundo era desconocido para mí. Aunque actualmente he mejorado mucho mis destrezas sociales y relaciones interpersonales, en aquel momento no se me daba nada bien hacer amigos, era un manojo de inseguridades y tenía un gran problema con la aceptación social. Pero al fin llegó, el primer día de clase. Me vi solo entre la multitud, en una presentación que se me hizo eterna, pues estaba más pendiente de que mis nervios no saliesen gritando de mis intestinos.
Al finalizar la presentación nos dividieron en grupos según el grado en el que estuviésemos matriculados. Al oír “Relaciones Laborales y Recursos Humanos por aquí, por favor”, me dio un vuelco el corazón. Era la hora de conocer a mis compañeras y compañeros de clase. Millones de dudas me asaltaron en apenas un instante, “¿Cuántas personas habrá? ¿Serán agradables? ¿Se conocerán de antes? ¿Me dirán algo o tendré que echarle valor y hablar yo primero?”. A penas pasó un segundo hasta que me uní al grupo. Para mi sorpresa, casi no llegábamos a ser diez personas. Eso me tranquilizó un poco. A pesar de estar más tranquilo, y hablar un poco con la gente, los nervios no se me quitaron hasta llegar a casa. Al día siguiente comenzamos las clases, y al ser tan pocas personas, nos resultó más fácil y rápido hacer migas y conocernos mejor. En tan solo unos días, empecé a entablar relaciones de confianza con la mayoría. Sin duda había empezado con buen pie la universidad.
A parte del tema de hacer amistades y conocer gente nueva, también me preocupaban las clases, pues no sabía cómo serían, y si me resultaría más complicado superarlas que en el instituto. Para mi sorpresa, las clases y el modo de organización de las mismas a la hora de estudiar, no me resultaron en absoluto complejas. De hecho, me resultó más sencillo superar mi primer año de universidad que el último año de bachillerato, supongo que por la presión a la que nos sometían en el instituto con la selectividad. De modo que, si tenemos que hacer un balance de lo que ha significado este cambio, el resultado es bastante positivo. He conocido personas maravillosas, estoy haciendo una carrera que me gusta y me apasiona, vivo tranquilo y feliz en una ciudad nueva, y me esfuerzo más por conseguir mis objetivos, tanto académicos como personales. Sé que cada año tendré más dificultades, que me exigirán más a la hora de estudiar, pero estoy preparado para hacer frente a todo con fuerza y energía, y que me esforzaré por conseguir aquello por lo que tanto lucho.


miércoles, 26 de septiembre de 2018

Youtube


Buenos días queridas lectoras y lectores. Hoy vengo a hablaros de un tema actual e interesante. Supongo que todo el mundo conoce ya la plataforma de Youtube, donde puedes encontrar millones de vídeos de todo tipo. Por eso vengo a hacer algo tan simple como recomendaros una serie de canales de Youtube de diversos temas que sigo desde hace tiempo.
-JavierRuescas: Para quienes no le conozcan, Javier Ruescas es un famoso escritor y booktuber español, y el contenido de su canal está enfocado principalmente a la lectura. En sus vídeos recomienda libros para todo el mundo, hace reseñas de algunos de ellos, compara libros y personajes de distintas sagas… Si te gusta la lectura, sobre todo juvenil, fantástica y de ciencia ficción, te encantará este canal.
-KintsMer: Este canal es de una amiga del pueblo que se llama María. En él podéis encontrar vídeos principalmente de moda, que es el tema al que va enfocado, aunque también tiene algunos vídeos sobre veganismo, lifestyle y contenido más diverso. Si os llama la atención alguno de estos temas, desde luego os encantarán sus vídeos.
-Keunam: Es humorista, cantante, actor, youtuber… Desde luego un hombre muy polifacético, que ha volcado gran parte de su trabajo en este canal, donde podéis encontrar parodias de múltiples películas Disney, entre otras, versiones de canciones… Sin duda un canal de entretenimiento muy bueno y con mucho talento.  
-Luce-tby Irene: En este canal Irene habla sobre feminismo, temas LGTB, psicología y autoestima, entre otras cosas. Es un canal poco conocido, pero muy bueno para entender muchas cosas sobre todo de feminismo. Os recomiendo echarle un vistazo, no os arrepentiréis.
-Trencadís: Este canal, formado por un grupo de amigos y amigas, tiene un contenido un poco variado, enfocado al entretenimiento. Hablan de diversos temas desde el punto de vista personal, sus vidas, el mundo LGTB… Si lo que buscáis es pasar un buen rato y reíros un poco, tenéis que pasaros por aquí.
-Tigrillo: Este fantástico chico ha basado su canal principalmente en el activismo LGTB. Aquí podéis encontrar mucha información sobre el colectivo, vídeos informativos, de análisis y opinión acerca de muchos aspectos que rodean a las personas LGTB en la sociedad de hoy día. Sin duda un canal 10.
-CostantinoCarrara Music: Si os gusta la música, y el piano, tenéis que pasaros obligatoriamente por este canal. Este pianista sube vídeos versionando todo tipo de canciones al piano. Realmente un regalo para muchos oídos.
-MaríaBandera: Este canal recién salido del horno es un canal secundario de Kints Mer, donde habla de temas más personales, su día a día, anécdotas… Una forma de acercarse a ella a través de sus vídeos y conocerla un poco mejor.
-Herrejón: Tal vez la conozcáis por sus redes sociales, sobre todo Instagram. Esta chica, en mi opinión, tiene un don para hacerme reír. Su canal es puro entretenimiento y opiniones de todo tipo, donde podéis encontrar vídeos muy interesantes y divertidos en los que habla de infinidad de temas.
Y hasta aquí mis recomendaciones. Hay muchos más canales que me gustaría mencionar, pero entonces no acabaría nunca. He hecho una breve selección donde se concentran pocos, pero muy diversos que tratan de cosas distintas. Espero que os haya gustado y servido de ayuda para entreteneros con algunos vídeos.


domingo, 22 de julio de 2018

Quién soy 9: Conmigo hasta el final

1 de enero de 2018, la felicidad me abrazaba como una vieja amiga a la que hacía mucho tiempo que no veía. Un gran comienzo de año, rodeado de quienes más me querían. Este iba a ser mi año, todo iba  a cambiar. Tal era mi estado de euforia, que no supe ver lo que se avecinaba. Me gustaría decir que mis demonios internos ansiaban volver, pero no era así, nunca se habían ido. Despertaron en mi una sensación terriblemente familiar, que me llevaría a adentrarme en la estrecha línea que separa la vida de la muerte, por última vez. 
Durante el mes de enero tuve mis primeros exámenes en la universidad, algo que tampoco me preocupaba demasiado. Pero esa misma semana me llamaron del hospital, tenían que operarme de algo sin importancia. Así que eso hice, no le di mucha importancia. Desgraciadamente los meses posteriores a la operación no fueron muy fáciles de llevar. Tenía que depender de los demás para muchas cosas, y a penas podía hacer cosas por mi cuenta. Teniendo en cuenta que me considero una persona bastante independiente y que no me gusta que la gente se tenga que molestar demasiado en ayudarme, aquello me hizo sentir un poco inútil. Esa sensación de no poder hacer nada por tu cuenta, incluso sabiendo que no era culpa mía, en cierto modo me entristecía. 
Llegó febrero, mi mes favorito, y con él mi cumpleaños. Una fecha a la que le doy demasiada importancia, y más aún desde el anterior once de febrero. Uno de los meses más fríos del año que trajo consigo unas nubes ennegrecidas, posándose sobre mi ya enferma cabeza. Una sensación nada comparable con aquella añorada felicidad de comienzos de año. A la situación complicada que estaba viviendo se le sumaron aún más problemas, que estallaron como si de fuegos artificiales se tratase, y no fui capaz de controlar. Aunque me encontré con un dilema mayor, que me costó tiempo asimilar. Llevaba meses viviendo fuera, en una ciudad lejos de mi familia. Y aunque volviese al pueblo en vacaciones, en el fondo no sentía nada por volver, sabía que no era feliz, y era incapaz de expresar ese sentimiento, en parte de culpa, por no querer regresar a casa.
Durante las semanas posteriores a mi cumpleaños lo pasé realmente mal, pero en silencio. La depresión me estaba consumiendo cada día más, y no veía ningún cartel de salida. De modo que un día, ya bien entrado el mes de marzo, no pude más y decidí crear mi propio cartel de huida, sabiendo que una vez lo utilizase no podría volver. Me hallaba entonces de nuevo en medio de aquella maldita línea, a punto de cruzarla. Pero sin saber cómo, algo me impedía hacerlo. Sin duda estaba muy decidido, pero algo en mi interior quería salir, y era más fuerte que todo aquello. Un diminuto atisbo de esperanza me empujaba a evitar que hiciese algo que mi cabeza me ordenaba. Finalmente comprendí que no debía cruzar la línea, no así.
Pasaban las semanas y mi estado mental no mejoraba. Hastiado, disgustado y sin saber qué me pasaba exactamente, hice algo que agradezco enormemente haber hecho. Después de meses, años, di el gran paso, y a principios del mes de mayo contacté con una psicóloga. Tenía un dinero ahorrado para cuando lo necesitase, y aquel fue el momento perfecto. Invertir ese poco dinero en intentar sanar una enfermedad tan peligrosa e inestable, ha sido una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. A día de hoy, y después de unas cuantas semanas de terapia, no puedo decir que haya sanado del todo, pues eso lleva su tiempo, pero sí he mejorado y avanzado mucho, y es algo de lo que me siento realmente orgulloso. 
Finalmente, y después de trece duros meses escribiendo y recordando, he conseguido redactar mi historia. No ha sido nada fácil, he tenido que rememorar momentos muy duros de mi corta vida, enfrentarme a mis propios demonios, y lidiar con cosas que ahora simplemente se convertirán en recuerdos de un pasado tormentoso. Tal vez algunas personas piensen que es una locura haber contado todo esto. Al contrario. Haber plasmado todos estos años de depresión por escrito me ha fortalecido aún más, y me ha ayudado a superar en cierto modo una situación que desgraciadamente sufren miles de personas cada día. Por eso creo que en este tipo de circunstancias es fundamental no callarse, expresarse, e intentar sacar fuerzas de donde no las hay. Porque siempre hay un faro para cada barco extraviado, aunque muchas veces no seamos capaces de ver esa luz. 
Gracias a todas aquellas personas que han permanecido a mi lado, han sabido comprenderme en este duro viaje, y han creído siempre en mi. Pero sobretodo gracias a la esperanza y la fuerza, que siempre estarán conmigo hasta el final. 


jueves, 10 de mayo de 2018

Quién soy 8: Carta a mi 2017

Doce meses, trescientos sesenta y cinco días, otro sueño fracasado y un giro de ciento ochenta grados. Parece un año cualquiera, pero no es así, nada más lejos de la realidad. Recuerdo enero vagamente, y no demasiado bien. Empecé el año con mala pata, del mismo modo que terminé el anterior, con ganas de morirme y sin saber qué hacer con mi patética vida. Parece una broma pesada, pero desgraciadamente ese sentimiento estaba bien arraigado en mi interior. Aunque no fue hasta seis meses después cuando estuve a punto de estallar. Febrero fue un mes que me gustaría olvidar. Ya es duro y doloroso que se muera un familiar tuyo, pero si encima se muere el mismo día de tu cumpleaños, no sabes qué sentir. Yo no lo hablé con nadie por miedo, pero sentía culpa, me sentía culpable porque aquello me afectase de aquella manera. Miserable porque sucediese justo ese día, y me odié y odio a mi mismo por no haber hecho nada, por no ser capaz de reaccionar ante aquella situación. Sé que nadie es capaz de hacer nada contra la muerte, pero me sigo dando asco a mí mismo por aquello.
No recuerdo bien marzo y abril, pero seguramente estaría agobiado por aprobar los exámenes, estresado porque estaba a punto de terminar el último curso de instituto, y sin la menor idea de lo que haría después. Sé que en mayo fui feliz, tal vez demasiado inocente, pero recuerdo un Abel sonriente, contento, y que no le temía a nada. Lamentablemente esa sensación no duró mucho tiempo, pero no fue la única del año.
Por fin llegó junio, y finalicé una etapa que llevaba años queriendo cerrar. Le dije adiós al instituto, esta vez fue la definitiva. No mentiré si digo que en cierto modo me daba pena, pero era más fuerte la sensación de alivio por marcharme por fin de aquel lugar que tantas veces me vio sufrir. En aquel momento sí que empecé a tener miedo a lo desconocido, a una nueva etapa que empezaría solo, lejos de aquel lugar, y de mi pasado.
Llegamos a julio, el mes en el que me llevé una de las palizas emocionales más fuertes, no solo de este año, sino de toda mi vida. Pero en cierto modo me sirvió para madurar, y aprender un poco más sobre lo cruel que puede ser la vida, y algunas personas. Decidí realizar un viaje con unas amigas, a otra ciudad. Unos seiscientos kilómetros me separaban de mi casa. Todo bien, hasta que fuimos a una fiesta. Me empecé a sentir muy mal porque ciertas personas no paraban de hacer comentarios despectivos sobre alguien importante para mí. Me emborraché, estallé, me puse a llorar como nunca y desahogarme. Conté cosas horribles sobre mi persona, de años atrás. También que me odiaba a mí mismo, y creía que todo lo malo que me había pasado en la vida era porque realmente lo merecía. Esa misma noche, estuve a punto de quitarme la vida, otra vez. Al día siguiente la amiga de esa ciudad, que era la que nos había acogido en su casa, digamos que me invitó a que me fuese de allí. Me vi solo, en una ciudad grande y muy lejos de casa. Por suerte, un amigo que vivía cerca me acogió y cuidó, a día de hoy sigo sin saber cómo agradecerle tanto. Pasé aquellos tres días que me quedaban para volver asustado, anonadado. No tenía ganas de comer, ni de nada. De no ser por este amigo no sé lo que habría hecho, nada bueno seguramente. 
Agosto fue algo memorable. Mi grupo de amigos y amigas me ayudaron a olvidar aquel calvario del mes anterior. Fiesta tras fiesta, risas, días enteros fuera de casa, disfrutando, sin agobios, sin pensar, simplemente disfrutando de la buena compañía, de la buena amistad. Sin duda este mes se convirtió en uno de mis favoritos gracias a esas personas. 
A penas empieza septiembre, y ya me mudé oficialmente. Otra ciudad, otra etapa que empezar, y un miedo horroroso por esa incertidumbre de quien no sabe lo que le deparará el futuro. Empezar a vivir con tu pareja, día a día, y el inicio de la universidad. Realmente me asustaba por nada, pues el destino tenía un regalo muy especial para mí. 
Octubre me enseñó que a veces la vida te sonríe, y debes aprovechar la oportunidad. Me tocaron unas compañeras de clase estupendas, que inexplicablemente saben sacar lo mejor de mí. Empecé a sonreír más, hablar más y socializar más de lo que pensé que podría. Creo que era un avance muy importante de mi personalidad, el hecho de ser capaz de abrirme a la gente, perder un poco la vergüenza y ser yo mismo de verdad. Y este cambio fue en gran parte gracias a mi pareja, un gran apoyo en vida diaria, y a mis compañeras de facultad, que me han ayudado mucho. 
Noviembre fue similar a octubre, aunque con más noticias buenas. Por fin me empezaba a gustar realmente lo que estaba estudiando, al menos de momento. Creo que es una de las cosas más importantes para un estudiante, que le guste lo que hace. Empecé a echar de menos a mis seres queridos, a quienes ya a penas veía. Y, a pesar de tener algún bajón repentino, descubrí que una vez más se abrió una ventana por la que entraba un pequeño haz de luz, felicidad y bienestar, y sentía que tenía que aprovecharlo. Que hacía mucho tiempo que no estaba tan a gusto conmigo mismo, y me quería de verdad.
Diciembre llegó casi sin avisar, como una suave brisa que se levanta de repente un día soleado. La emoción de volver a casa, volver a ver a personas que no veía desde hacía meses, y revivir momento como los de agosto. Intenté por todos los medios acabar bien el año, quedándome con lo bueno, lo que realmente importa, y con la esperanza de que el año próximo siguiese así de bien. Pero como descubrí más tarde no fue así, en absoluto. Una vez más mis demonios regresaron con intención de quedarse.