jueves, 28 de marzo de 2019

Relaciones afectivo-sexuales

Buenos días queridas lectoras y lectores. Como recordaréis, hace un par de semanas hablé sobre la educación sexual, y por no alargar mucho la publicación me dejé algunos temas en el tintero. El principal, y en el que voy a incidir hoy en mayor medida, son las relaciones afectivo-sexuales.
Para empezar, hay que tener claro que hay diferentes tipos de relaciones afectivas y sexuales.  Es cierto que la sociedad nos ha inculcado durante siglos que solo existe un tipo de relación “normal”, la relación monógama entre un hombre y una mujer. Luego, se llegó a la conclusión de que este tipo de relaciones también se daban entre personas del mismo sexo. Sin embargo, el abanico de relaciones tanto afectivas como sexuales es mucho más amplio. Como en este ámbito hay términos muy ambiguos, y personalmente no conozco todos los tipos de relaciones que puede haber, voy a generalizar un poco para explicarlo desde un ámbito general.
Como ya he explicado antes, la pareja más aceptada socialmente suele ser la tradicional, es decir, las relaciones afectivo-sexuales entre dos personas. Luego existen otro tipo de relaciones, como las poliamorosas, en las que la persona mantiene relaciones con varias personas, por ejemplo. También las relaciones abiertas, en las que la pareja acuerda tener encuentros sexuales con otras personas. O relaciones de pareja en las que se produce un intercambio sexual esporádico con otra pareja. Podría seguir poniendo ejemplos, pero esto se alargaría mucho.
Lo que quiero mostrar hoy es tan simple que no hace falta extenderse demasiado. Lo importante aquí no es tanto centrarse en los diferentes tipos de relaciones afectivo-sexuales, sino en el hecho de que existen múltiples combinaciones de relaciones igual de válidas que las tradicionales. Es posible que a muchas personas les resulte raro, o les cueste entenderlo. Pero ¿por qué crear conflictos definiendo el amor o el sexo? ¿No es mejor celebrar que la gente se quiera, en vez de criticar que las personas tengan una relación de una forma que tú no entiendas? Creo que si todas las relaciones, independientemente de cómo sean, tienen una base de respeto, sinceridad y confianza, pueden ser igual de sanas y buenas. No creo que exista una superioridad moral en base a un tipo determinado de relación, y es que creo que deberíamos respetar más los gustos ajenos y dejar de criticar tanto aquello que no entendemos.


lunes, 18 de marzo de 2019

¡Feliz 5º aniversario!

Buenos días queridas lectoras y lectores. Os preguntaréis por qué hay una publicación hoy, si no estaba prevista en el calendario. Pues bien, como habréis adivinado por el título, precisamente hoy, hace cinco años, comenzó todo esto. No puedo evitar emocionarme, pues han sido infinidad de cosas las que me han pasado en todo este tiempo. 
Recuerdo vagamente aquel dieciocho de marzo de 2014, un pequeño día soleado en un inmenso mar de nubes grises que era mi mente. En aquella época aún seguía yendo a terapia con mi primera psicóloga, una mujer que arrojó esperanza a mi vida, aunque no durase mucho tiempo. Le había contado que me gustaba mucho escribir, tal vez era una de las pocas cosas que me animaba a seguir adelante. Entonces un día surgió la idea de expresarme libremente mediante la escritura, desahogarme a través aquello que más disfrutaba haciendo, a fin de sacar a los monstruos que inyectaron aquella maldita enfermedad en mi cabeza.  Fue entonces, el último martes de aquel invierno, a las 21:11, cuando un acto tan simple como escribir un párrafo en un blog, me cambió la vida.
Las primeras semanas escribí sobre cosas tan cotidianas como la música, el instituto, la comida, o la infancia. No faltó una reflexión sobre “salir del armario”, y todo lo que supuso para mi aquel acto. Hablé de mis amigas, mi visión del mundo, compartí algunos relatos y critiqué aspectos sociales que consideraba importantes. Pasaban los meses, y el blog iba creciendo, a la par que el loco adolescente que le dio vida. No faltaron reflexiones, debates, e incluso breves entrevistas para reflejar a través de ojos ajenos realidades cada vez más impactantes. Le confié a este proyecto mi visión sobre decenas de cuestiones, hasta que llegó el momento de entregarle mi propia vida, semillas que sembraría temeroso, confiando que tiempo después sería capaz de recoger los frutos de esa libertad que tanto ansiaba.
Después de varios años documentándome acerca de ciertos temas que luego trataba en el blog, decidí desnudarme en palabras, y mostrarle al mundo quién soy, cuál era mi historia. No fue una tarea fácil, sacar del cajón sentimientos que me prometí no desenterrar nunca. Pero aquellos sentimientos, como pájaros enjaulados, simplemente ansiaban volar libres, sin tabúes que cortasen sus alas, sin cajones que encerrasen sus secretos. Fue una tarea arriesgada, y en ocasiones estuve a punto de tirar la toalla, pero se lo debía a mis seres queridos, me lo debía a mí. Desgarré mi alma, reviví historias que estuvieron a punto de acabar con mi vida, pero no tenía alternativa, pues las malas hierbas hay que cortarlas de raíz. Y fue entonces, después de trece largos meses recordando y contando mi historia, mi razón de ser, cuando me sentí verdaderamente aliviado.
No puedo hacer una publicación especial y dejarme en el tintero a aquellas personas que han conseguido mantener la ilusión de este loco adolescente. Es verdad que, a lo largo de todo este tiempo, hay personas que solo han estado de paso, y aunque ya no estén, han aportado su granito de arena. Pero también hay personas que siguen a mi lado, apoyándome cada día, haciendo posible que algo tan simple como la escritura, se convierta en mi forma de expresión favorita.
Actualmente sigo documentándome, escribiendo reflexiones, compartiendo relatos, y haciendo críticas constructivas sobre temas de cierta importancia en la sociedad. Parece que nada ha cambiado, pero la mochila que llevo a mis espaldas pesa ya cinco años, y creo que tiene intención de coger más peso durante mucho tiempo. Me temo que tendréis loco adolescente para rato, y es él el primero que se alegra de ello, pues he comprendido que él no sería nada sin mí, y yo no sería nada sin él.


miércoles, 13 de marzo de 2019

Educación sexual

Buenos días queridas lectoras y lectores. Hoy voy a hablar de un tema al que tenía ganas desde hace mucho tiempo. Como ya sabréis, el sexo hoy día sigue siendo un tema tabú, no es frecuente hablar de ello con naturalidad con otras personas. Y yo me pregunto, ¿por qué? Si es cierto que antaño este tema a penas se tocaba más allá de la intimidad, y que hemos avanzado mucho en ese sentido, pero no lo suficiente. Las nuevas tecnologías han propiciado que los jóvenes, cada vez a edades más tempranas, sientan curiosidad por el sexo, y acaben buscando referentes sexuales en internet para saciar su curiosidad. Referentes excesivamente estereotipados y artificiales, pues son muchos los jóvenes que visualizan porno, intentando imitarlo, incapaces de distinguir la ficción de la realidad. Este es sin duda un grandísimo problema, que tiene su raíz en la desinformación y la escasa educación sexual que deberíamos recibir desde pequeños.
El término “educación sexual” asusta a muchas madres y padres, que lejos de interesarse por el tema, lo asocian, con cierta ignorancia, a enseñar prácticas sexuales a los jóvenes, nada más lejos de la realidad. Sin embargo, la educación sexual es mucho más amplia. Pretende enseñar a las personas, desde la infancia, los genitales y los diferentes tipos de orientación sexual. En la etapa preadolescente explicarles qué son las relaciones sexuales, el sexo seguro y métodos anticonceptivos y de prevención de enfermedades de transmisión sexual. Este tipo de educación debería darse no solo en colegios e institutos, sino en casa, desde edades tempranas. Enseñarle a una niño o niña en la infancia la importancia del consentimiento, en un ámbito general, y a medida que vayan creciendo, en ámbitos sexuales. La importancia de las relaciones afectivo-sexuales consentidas, y el respeto hacia la sexualidad de otras personas. Este tipo de educación conseguiría reducir las agresiones sexuales en la etapa adulta, reducir el número de embarazos no deseados, así como el contagio de enfermedades de transmisión sexual. A demás se normalizarían los diferentes tipos de orientación sexual e identidad de género a edades tempranas.
Sin embargo, la educación sexual hoy día es muy escasa, tanto en los hogares como en los centros educativos. Si bien es cierto que cada vez son más los padres y madres que quieren inculcar este tipo de educación a sus hijos, muchas veces no saben cómo hacerlo. Por eso creo conveniente que se faciliten cursos de educación sexual para padres y madres que tengan hijos pequeños, o tengan intención de tenerlos en un futuro próximo. De este modo, profesionales en la materia les enseñarían técnicas y habilidades para tratar estos temas en familia con total normalidad y con el tacto que la edad de los jóvenes requiera. En cuanto a los centros educativos, el camino a recorrer es largo, pues la educación sexual se percibe como algo puntual, y muchos centros de secundaria se conforman con dar una simple charla al año, que, en mi opinión, no sirve de nada. Recuerdo vagamente alguna de esas charlas, enfocadas casi en exclusiva al sexo heterosexual, en las que te explicaban cómo tener sexo seguro y prevenir el embarazo. Reducir un tema tan complejo y amplio de esta forma, me parece un grave error. Siempre he sido partidario de implantar en colegios e institutos una asignatura obligatoria sobre educación sexual y primeros auxilios. De este modo, se podría complementar la educación en el hogar, como he dicho anteriormente, con la de los centros educativos, algo que tendría consecuencias beneficiosas en un futuro, tanto en salud, como en tolerancia y diversidad. 
Espero que algún día estas ideas evolucionen y se implanten medidas serias y firmes en este tema. También espero que os haya gustado esta breve reflexión sobre la educación sexual, y que me hagáis llegar vuestras dudas e inconvenientes. Un saludo.  


miércoles, 27 de febrero de 2019

Elecciones generales

Buenos días queridas lectoras y lectores. Hoy quiero hablaros de un tema interesante y, a mi parecer, muy importante actualmente. Como ya sabréis, el próximo 28 de abril se celebrarán elecciones generales en España. Antes de comentar a fondo el asunto, vamos a hacer un breve repaso por las elecciones generales durante estos cuarenta años de democracia.
Adolfo Suárez fue el primer presidente de España, después de la dictadura franquista. Representaba al partido UCD en las elecciones generales celebradas el 15 de junio de 1977. Leopoldo Calvo-Sotelo sucedió a Adolfo Suárez tras su dimisión en enero de 1981, y se mantuvo en el cargo hasta el 2 de diciembre de 1982, año en el que el PSOE, encabezado por Felipe González, gana por primera vez unas elecciones. Tal fue su éxito, que no fue hasta las elecciones generales de 1996 cuando el PSOE pierde la presidencia del país, frente al Partido Popular de José María Aznar. Después de dos legislaturas populares, en el año 2004 el PSOE vuelve a alzarse como mayor fuerza política, esta vez de la mano de José Luis Rodríguez Zapatero. Como su predecesor, este presidente también conservó su cargo durante dos legislaturas, hasta las elecciones generales de 2011, cuando el Partido Popular se vuelve a alzar con la victoria, casi ocho años después, de la mano de Mariano Rajoy. Finalmente, en junio de 2018, el PSOE, con el apoyo de otros partidos de la cámara, consigue llevar a cabo una moción de censura (art. 113 CE) contra el gobierno popular, sustituyendo en el cargo a Mariano Rajoy por Pedro Sánchez, actual presidente de nuestro país.
En resumen, durante estas últimas cuatro décadas, hemos tenido 7 presidentes diferentes durante XII legislaturas, lideradas por tres partidos políticos distintos.
Ahora bien, antes de pasar a hablar de las peculiaridades de estas elecciones, me gustaría explicaros brevemente, el sistema electoral D’Hondt. Este sistema a priori parece bastante complejo, así que intentaré simplificarlo para que se entienda un poco. En España el congreso tiene actualmente un total de 350 escaños, asignados por provincia, con una representación mínima de 2 diputados por provincia, a excepción de Ceuta y Melilla, que asignan 1 cada una. Los 248 diputados restantes se asignan en proporción a la población de cada provincia. De este modo, provincias como Madrid y Barcelona representan más de 30 escaños cada una, y provincias como Soria, Segovia, Huesca o Cuenca, 2 o 3 (Elecciones 2016). Este reparto ha generado una oleada de críticas al respecto, pues durante décadas no ha hecho más que favorecer el bipartidismo, ya que, con un reparto tan peculiar, partidos más pequeños tienen mayores dificultades para conseguir representación en el congreso de los diputados. Esto también explicaría la importante representación de partidos autonómicos como el PDeCAT, ERC o PNV en el congreso. Si miramos los datos de las últimas elecciones, el PP obtendría un escaño por cada 57.965 votos, el PSOE por cada 64.045 votos, Unidos Podemos por cada 71.714 votos, y Ciudadanos por cada 98.174 votos. Las diferencias que nos encontramos en algunos casos son abismales. Por tanto, y a pesar de que varios científicos han demostrado la viabilidad de este método en España y otros países europeos y americanos, a mucha gente le sigue pareciendo desproporcional e injusto.
Espero que hayáis entendido, grosso modo, esta pobre explicación. Si queréis saber este tipo de cosas con más detalle, os dejaré el enlace de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen ElectoralGeneral.
Una vez explicado esto, vamos a analizar un poco la situación actual frente a las elecciones generales del 28 de abril. Las fuerzas políticas más fuertes a nivel estatal siguen siendo el PSOE, Partido Popular, Unidos Podemos y Ciudadanos, además del auge de la ultraderecha representada por VOX. Obviamente hay otras alternativas estatales minoritarias, como PACMA, el PCPE, e incluso la Falange Española (algo que a mí personalmente me aterra). También hay partidos autonómicos importantes como PDeCAT, ERC, PNV, Bildu, Coalición Canaria, y demás. Teniendo en cuenta lo sucedido en las últimas elecciones, es evidente que la mayoría en el congreso de los diputados (176 escaños) se conseguirá pactando. Quiero incidir en esto porque a partir de ahora todo lo que diga va a ser siempre desde mi punto de vista. Lo más probable es que se produzca un pacto PP-VOX-Ciudadanos, y otro PSOE-Unidos Podemos. Es decir, un bloque de derechas y otro de izquierdas, sin contar con los demás partidos representativos en el congreso, que se unirán a un pacto u otro, o se abstendrán, según les convenga. Personalmente me da pánico pensar que puede haber un gobierno de derechas con el apoyo de la ultraderecha, que pretende conseguir sus objetivos a base de bloquear derechos, en vez de mejorarlos. No es descabellado pensar que leyes LGTBI, feministas y derechos universales, pueden dar un salto hacia atrás si ese partido llega al gobierno. Por ello le insto a cualquier persona mayor de 18 años que vaya a votar, a pesar de que ningún partido te represente completamente. No queremos repetir lo sucedido en Andalucía. Respeto la decisión de voto, o abstención, de cualquier persona, pero estamos ante una situación crítica, y por mucho orgullo que tengáis y creáis que “votar no vale para nada”, puede suponer una diferencia muy importante. Y sí, la lucha también se hace en las calles, pero la de las urnas también es importante.
En definitiva, y, para terminar, quedan dos meses en los que pueden pasar infinidad de cosas, giros inesperados, y mentiras precampaña electoral. Así que, reflexionad, tened criterio propio, y por favor, id a votar. Espero que os haya gustado esta publicación, que los conceptos hayan quedado claros, y no haber metido la pata con algún dato o información.


miércoles, 13 de febrero de 2019

Febrero

Apareció mi sonrisa tras un acto tan simple como arrancar una hoja del calendario. Ahí estaba, esperándome como cada año, jamás faltaba a su cita. Nunca supe por qué ansiaba cada año que llegase el 31 de enero, las 23:59, solo un minuto. La espera fue larga, 11 meses que, por muy maravillosos que pudiesen ser, no se comparaban con él. Podría decirse que febrero es mi mes favorito, pero pecaría de simple si lo resumiese solo en eso. Es cierto que siempre me gustó más que otros meses, y durante mucho tiempo no supe explicar por qué. Tal vez suene absurdo, pero siempre me he sentido identificado, en cierto modo, con él.
Nunca entendí el calendario, meses irregulares que alternaban días, uno más o uno menos, el caso es que sumasen esos 365, y seis horas, que tiene cada año. Treinta o treinta y uno, así lo quisieron, pero no para él, su tarea sería más importante, diferente y especial. A él le encomendaron solamente veintiocho, cuatro semanas perfectas, con sus siete días cada una, algo maravilloso para un amante de la simetría. Pero, debido a esas seis horas de más que muchos ignoran al año, el mes más pequeño y especial tendría la oportunidad de sumar un día más a su calendario, una vez cada cuatro años. Quizá esa era una de las razones por las que me sentía identificado con él, siempre me consideré raro, diferente, incluso fuera de lugar. Febrero era aquel mes que me hacía sentir especial, incluso en épocas en las que me odiaba a mi mismo.
Pero no fueron solo sus días irregulares los que le hicieron especial para mí. Está exactamente en medio del invierno, mi estación favorita. El frío llama siempre a mi puerta en febrero, con suerte rodeado de nieve, nunca falta. Esa nieve que tan feliz me hace, con la que juego durante horas como el niño que nunca dejaré de ser. Mi cumpleaños, el undécimo día de mi mes favorito, pues si la vida es así de curiosa, once son también los meses que me separan de esa sensación de agrado que me provoca.
Si tuviese que poner un color a los meses, sin duda febrero sería azul, como el cielo despejado los días posteriores a la nieve, mi color favorito. Un color frío, como la temperatura que irradia y tan bien le sienta a mi caluroso corazón. Febrero es frío, azul, especial y nevado, tiene todo lo que me gusta, y por eso me gusta tanto.


miércoles, 30 de enero de 2019

Recuérdame

Laura, Estela, Gabriela, Carmen, Luisa… Eran algunos nombres por los que a veces la llamaba su abuela. Algo común en personas de su edad, pensó ella. La verdad es que Adela era la nieta que toda abuela querría tener, tan atenta, tan simpática. Acompañaba a su abuela a misa, a pesar de no creer en ningún tipo de religión, iba a visitarla muy a menudo, tenía charlas interminables con ella… Incluso se mostraba siempre feliz en su presencia, ocultando su preocupación por aquella palabra que no se atrevía a pronunciar. A pesar de tener tan solo 16 años, Adela era consciente de que aquel problema, tarde o temprano, iría a más. Todo empezó por culpa de aquel dichoso paño de cocina. A nadie se le ocurriría pensar que algo tan insignificante podría ser un determinante para detectar, más bien intuir, un problema tan serio. 

Aquella tarde Adela encontró en la calle, cerca de la puerta, el paño de cocina. Extrañada lo recogió, pensando que se le habría caído a su abuela sin darse cuenta. Esa tarde el cielo estaba mustio, parecía que en cualquier momento comenzaría a llover, sin embargo, la tormenta se desencadenó en aquella cocina.

—Abuela, se te debió caer esto en la calle —le dijo Adela con tono tranquilo.
—Mentira, lo dejé en la cocina —respondió su abuela bruscamente.
—No abuela, estaba en la calle —repitió Adela, esta vez algo preocupada.
—¡He dicho que estaba en la cocina, niña impertinente! —

El silencio se hizo por toda la casa en un instante. En sus dieciséis años Adela jamás había visto a su abuela enfadada. Tal fue su reacción, que tuvo que irse corriendo al servicio para llorar a solas. No entendía qué estaba pasando, quién era esa mujer que la había gritado en la cocina, pues se negaba a admitir que era su propia abuela. Desgraciadamente, no tardó mucho en enterarse de lo que se avecinaba. Al día del paño de cocina le sucedieron el día de las pastillas en el suelo, el día de los grifos abiertos, y la gota que colmó el vaso, el día que a su abuela se le olvidó apagar la cocina de gas. Suerte de la Felisa, su abuela, que una vecina olió algo raro y fue corriendo por si había pasado algo.

Pasaban los días y Felisa no mejoraba, por lo que finalmente los padres de Adela decidieron llevarla a una residencia especializada en casos similares, casos sobre aquella palabra maldita, Alzheimer. La pobre adolescente a veces se echaba la culpa de todo aquello, creía ser la responsable de que comenzase la pesadilla de su abuela, si no hubiese dicho nada sobre aquel dichoso paño de cocina… Tardó un tiempo en comprender que aquella enfermedad se habría apoderado de Felisa igualmente, de un modo u otro.

Un día su abuela enfermó. Ya hacía varias semanas que no podía andar, y a penas se acordaba de comer, a pesar del empeño de las enfermeras que cuidaban de ella. Aquel día Adela fue a visitar a su abuela, como solía hacer muchas tardes, a pesar de que apenas era capaz de reconocerla. Cruzó las puertas de aquella residencia con una sonrisa en la cara, sin saber que aquella sería su última visita.

—Buenos días abuela —dijo Adela al entrar en la habitación. No obtuvo respuesta, aunque tampoco la esperaba, pues la mayor parte del tiempo Felisa no hablaba.
—Sé que no te acuerdas, pero hoy es mi cumpleaños, cumplo diecisiete. Mamá y papá querían llevarme a comer por ahí, pero les he dicho que mi regalo de cumpleaños sería pasarlo contigo, espero que no te importe —le susurró al oído.

Adela pasó la tarde entera con su abuela, leyendo el que fuera el libro favorito de Felisa en su juventud, Fuenteovejuna. Pero al llegar el ocaso, una enfermera entró en la habitación, advirtiendo a la joven de que ya era hora de irse. Pero justo antes de levantarse notó que alguien agarraba su muñeca. Felisa hizo un gesto a su nieta, a fin de que se acercase a ella. Cuando el oído de Adela estaba lo suficientemente cerca de sus labios susurró "feliz cumpleaños", y con la tranquilidad con la que un pájaro se posa en una rama, cerró los ojos y no despertó.


miércoles, 16 de enero de 2019

Ayuda psicológica

Buenos días queridas lectoras y lectores, hoy vengo a daros una muy buena noticia, además de hablar sobre un tema que considero muy importante. Como algunas personas ya sabréis, llevaba casi un año yendo a terapia con una psicóloga excelente, que me ha ayudado muchísimo los últimos meses. Pues bien, después de un largo tiempo, con su ayuda y mi gran implicación para abarcar los problemas que me llevaron a pedir auxilio, finalmente me ha dado el alta. Hemos llegado a la conclusión de que estoy mucho mejor, y prácticamente recuperado de los estragos que causó en mi la depresión durante tantos años. Y es que, aunque ahora hable de ello con total normalidad, no os podéis imaginar lo feliz que estoy, y la importancia que tiene el hecho de que, después de muchos años sufriendo una enfermedad que casi acaba con mi vida, al fin pueda decir con orgullo que estoy bien, de verdad. No puedo evitar sentir tal emoción, las lágrimas que brotan de mis ojos en este instante lo demuestran, incluso mis seres queridos me han dicho varias veces recientemente que han notado mucho el cambio, y que se sienten orgullosos de mí y de mi progreso. 
Es por ello que, después de daros esta maravillosa noticia, quiero hablar sobre la gran importancia que tiene el hecho de pedir ayuda psicológica. Siempre se le ha dado gran importancia a las enfermedades físicas, operaciones quirúrgicas, y sanidad en general. Pero tendemos a tratar los problemas psicológicos y psiquiátricos como un tabú, sin llegar si quiera a pensar que tienen la misma importancia que la salud física, puede que incluso mayor en algunos casos. A lo largo de la historia, se ha tratado a las personas con este tipo de problemas, como parásitos sociales que había que aislar de la población “normal”. Afortunadamente en la actualidad hay innumerables estudios que demuestran la transcendencia de las ramas psicológica y psiquiátrica a la hora de detectar enfermedades y ayudar a las personas con problemas muy comunes. Quizá la reiteración a lo largo de los siglos, hasta hace pocos años, de tratar a las personas como “locas”, es uno de los motivos por los que la gente actualmente siente miedo y rechazo a la hora de pedir ayuda psicológica, cuando en mi opinión, prácticamente cualquier persona necesita ese tipo de ayuda en algún momento de su vida. ¿Acaso no hemos ido todos al médico alguna vez? ¿Por qué tratamos nuestra salud mental de forma diferente a nuestra salud física? Según el Instituto Nacional de Estadística, en el año 2017 murieron a causa del suicidio 3679 personas en España, aproximadamente unas 10 personas al día. Sin duda es un dato muy alarmante. Creo que es razón más que suficiente para darle a la ayuda psicológica y psiquiátrica la importancia que merece, y acabar de una vez con esos absurdos tabúes.
Por si esto fuera poco, hay una cantidad importante de personas que precisan de ese tipo de ayuda y no pueden costearse un profesional privado. De modo que acuden a la seguridad social, donde, o hay una saturación masiva de este servicio, o recursos muy limitados, pues en la mayoría de los casos te atienden con poca frecuencia o en sesiones insuficientes. Por eso me parece de vital importancia que el gobierno, a la hora de elaborar los presupuestos para sanidad, tenga muy en cuenta este tipo de servicios, para proporcionar ayuda psicológica y psiquiátrica a aquellas personas que la necesitan, y desgraciadamente no pueden permitírsela. Así como también incentivar a las empresas a tener este tipo de recursos a disposición de los empleados, y mejorar también la ayuda en centros de educación primaria, secundaria y universidades. De este modo, es probable que la tasa de suicidios bajase considerablemente, y mejorase la salud y el bienestar de las personas. Porque nos merecemos una sanidad pública, gratuita y de calidad. Y recordad, nunca tengáis miedo de pedir ayuda, vuestra salud es lo primero.